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jueves, 23 de septiembre de 2010

EL MISIL

Me dijeron miles de veces y me advirtieron sobre el fin del mundo.
Siempre llega después de un hecho socialmente importante y con imperativos de desdichas y rosarios de analgésicos para los dolores de cabeza. En cada una de esas etapas, siempre me quedó el mismo sabor a limón en la boca y la solución la resolví cuando cada mañana vuelvo a tapar el tubo de dentífrico.
¿Será necesaria la advertencia constante y continua para no caer en la picadora de carne? Los puntos se suman como años en los troncos de los árboles y la amenaza continua por parte de aquellos que, sin que uno se lo pida, tienen el tupe de dispensarte un consejo. ¡Un consejo! El cual como modo de ejemplo, se configura como un ladrillo más en la pared.
¿Y qué se yo lo mal que me va a ir? Seguramente igual que a vos o peor… igual que a todos. Pero es que la amalgama molar de una diarrea optimista, no te deja llegar al postre sin levantarte de la mesa? La marea conservadora, la autocracia pusilánime y los free pass, se te escapan por los codos y seguís sin poder morderlos.
Entonces, no me amenaces más con tu rutina pequeño burgues y sacá al rey del fondo que se te viene la noche chabón.
Nunca gané demasiado y por perder lo tengo casi todo (exceptuando lo que no tengo) desconfío hasta del más cercano y me escondo detrás de los palos de luz para poder contar hasta 1000. Y la cosa sigue sin cambiar demasiado… el contrato es uno sólo y falta la firma del financista para poder gritarte a la cara ¡Doble cero, pierde todo! 

                     Nicolai Kudrasov

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