jueves, 27 de enero de 2011

Sylvia Plath (Diarios)



Julio de 1950, Welleswey “En el piso alto, en el rectángulo blanco y estéril del cuarto de baño, con olor a carne tibia y a pasta de dientes, me incliné sobre el lavabo con un rito maquinal, lavándome las zonas prescriptas, rindiendo cultos a los cromados resplandecientes, a la luz que chocaba de aquí y de allá, frágil, cegadora desde los grifos. Caliente y fría, la limpieza que llega en forma de suaves pastillas verdes y perfumadas; cabellos en finas líneas dibujadas a lápiz  curvándose sobre el esmalte blanco; los medicamentos, los sólidos tarros de cristal opaco, los frascos que curan los síntomas de un resfriado o te entregan al sueño en el espacio de una hora. Y luego la cama, en el mismo aire potencialmente fecundo, con aroma a espliego, cortinaje de encaje y el tibio olor felino como almizcle esperando para asimilarte…por todas partes una pálida espera.
Y tu eres el conmovedor compendio de todo ello. De ti, por ti, para ti. Dios mío, ¿es todo lo que hay , el rebote a lo largo del corredor de risas y lágrimas? ¿de ensalzarse y despreciarse a una misma? ¿de la gloria y el asco?”.

De una carta a Eddie Cohen (1950) “Vuelvo a donde estoy, inmóvil, nadando, ahogándome, enferma del deseo. Me han inyectado demasiado mala conciencia para romper con las costumbres sin efectos desastrosos; lo único que puedo hacer es llegar envidiosa, hasta la frontera y odiar con toda mi alma a los varones que sacian su hambre de sexo sin problemas, sin desconfianza, sin rupturas, mientras yo me arrastro de cita en cita, empapada en un deseo que nunca me satisface.”

3 de noviembre (1952) “ …Y ahí estriba el sofisma de la existencia: La idea de que se puede ser felíz para siempre y envejecer en una situación y con una serie de logros. Por qué se suicidó Virginia Woolf? ¿O Sara Teasdale o las otras mujeres brillantes? ¿Neurosis? Su obra escrita ¿fue una sublimación (¡que horrible plalabra!) de hondos deseos básicos? ¡Ah, si yo lo supiera!¡ Si supiera a qué altura he de colocar mis metas, los requisitos de la vida!”…

27 de abril (1953) “tengo que estar terriblemente segura de que eso (el matrimonio) no es ni una atractiva jugada llena de riesgo ni un escape efímero. No conozco a ninguno de los tres como para hacer el pronóstico de toda una vida, ni siquiera uno muy vago y general. Tendría que vivir con cada uno durante un cierto tiempo…El único chico al que conozco realmente bien es aquél al que conozco lo suficiente para saber que nunca me casaré con él ni lo querré…Ah un amor, compartir cada vez mas sería algo tan bueno, tan poco complicado. Y en estos días tan rápidos y sumamente complicados de velocidad, estados de ánimo y psicología, es relativamente complicado conocer a alguien, como es imposible “conocerse” a uno mismo. De repente todo el mundo está muy casado y feliz, y tu estás muy sola y amargada por desayunar sola un insído huevo cocido y por pintarte la boca muy roja con la que sonreir, ah, llena de dulzura, al mundo…”

19 de febrero de 1959, jueves…”Yo aquí sentada como si me hubieran descerebrado, y queriendo un hijo, una carrera, aunque solo Dios sabe haciendo qué, si no es escribir. Qué decisión interior, qué asesinato interior, o fuga de prisión tengo que cometer si quiero hablar con mi auténtica voz profunda al escribir (palabra que por alguna razón que sobresalta al deletrearla) y no sentir este atasco de sentimientos detrás de una fachada ornamental cerrada con cristal, de palabrería paralizada y muda. Animada hasta cierto punto por la publicación en The Spectator  de mis dos poemitas. Creo que ahora el éxito me daría fuerzas. Pero lo mas alentador es estar rompiendo mi campana de cristal. ¿De qué tengo miedo?¿De hacerme vieja y morirme sin ser alguien?...

SUSURRO

Dame tu fuerza, no dejes de hacerlo
se clara en tus pensamientos y no te adelantes,
sos hermosa y transparente, se simple,
no dejes que te influyan, ni a tu mente,
pensa con el espirutu que es gigante y puro,
lo veo todo el tiempo, como se te escapa,
se eleva, unos centímetros de tu piel
se mueve lentamente como nadando,
arrastrando minusculas particulas de luz,
se rie, es dulce, es sabio,
sos vos en tu estado original,
no te metas mas en mentes ajenas
no estas lista, te va a matar
te enchastra de oscuridad,  sos luz,
te amo porque sos luz y ves lo que veo,
sos hermosa, no dejes de hacerlo.

                 Lucas M. Donadio

MI HERMOSA INVITADA

Camino lentamente por el sendero sin nombre,
estoy solo,
las calles azules duermen vacias,
la niebla de los sueños avanza
devorando sin piedad todo cuerpo a su paso.

Duerme...

Camino lentamente por la virgen ciudad
voces timidas murmuran cantos sagrados,
ruinas de un mundo perdido
descansan hacia ambos lados del camino,
una flora inedita crece adornando las calles proscritas,
la luna circular realza mi natural fosforescencia,
a mi lado camina mi hermosa invitada.

-te gusta mi lugar?

-no se, no hay nadie, estamos solos

-si es raro, siendo tan simple el camino, se pierden,
yo ya me canse de invitarlos

-tengo miedo, para que me traes aca?
que me vas a hacer?

-calma, no te apresures,
esto es solo el principio.

Despierta que ya es tarde.

                                  Lucas Donadio

SI TE DIGO QUE...

Decir te anhelo es más lindo que te quiero,
al decir te quiero se pretende propiedad.
...si te digo que te anhelo, es porque no te quiero,
sino porque te espero.

                  Mariela Laura Zappino

miércoles, 19 de enero de 2011

NO QUISIERA MORIR

No quisiera morir
sin haber conocido
los perros negros de México
que duermen sin soñar
los monos de culo pelado
devoradores de trópicos
las arañas de plata
en el nido trufado de burbujas
no quisiera morir
sin saber si la luna
con su falso aire de moneda
tiene un lado puntiagudo
si el sol está frío
si las cuatro estaciones
no son en realidad más que cuatro
sin haber intentado
llevar un vestido
en los grandes bulevares
sin haber mirado
en una alcantarilla
sin haber puesto el sexo
en rincones extraños
no quisiera acabar
sin conocer la lepra
o las siete enfermedades
que se atrapan allí
el bueno como el malo
no me darían pena
si yo supiera
que lo iba a estrenar
y está también
todo lo que conozco
todo lo que aprecio
que sé que me gusta
el fondo verde del mar
donde danzan las brizas de algas
en la arena ondulada
la hierba tostada de junio
la tierra que se agrieta
el olor de las coníferas
y los besos de la
que si tal que si cual
la bella que está ahí
mi osezno, Úrsula
no quisiera morir
antes de haber gastado
su boca con mi boca
su cuerpo con mis manos
el resto con mis ojos
ya no digo más es mejor
no ser irreverente
no quisiera morir
sin que hayan inventado
las rosas eternas
la jornada de dos horas
el mar en la montaña
la montaña en el mar
el fin del dolor
los diarios en color
la alegría de los niños
y tantas cosas más
que duermen en los cráneos
de geniales ingenieros
de jardineros joviales
de inquietos socialistas
de urbanos urbanistas
y de pensativos pensadores
tantas cosas que ver
que ver y que oír
tanto tiempo esperando
buscando en la oscuridad

Y ya veo el final
que bulle y que se acerca
con su cara horrorosa
y que me abre sus brazos
de rana patituerta

No quisiera morir
no señor no señora
antes de haber palpado
el sabor que me atormenta
el sabor que es más fuerte
no quisiera morir
antes de haber probado
el sabor de la muerte…



                      Boris Vian

Dossier fotográfico de Juan Franco







martes, 11 de enero de 2011

EL CHINO X


Un número considerable, opinaba, convincentemente que era una hija de puta. El resto la apreciaba y hasta podía decirse que le tenían afecto. Lo cierto era que cada vez que la hora señalada llegaba y la puerta se abría, mis intestinos comenzaban a revolucionarse, empecinados en hacer visible el desayuno de esa mañana, el cual quedaba estrellado en la taza del inodoro.
Como casi todos, también ella tenía un apodo, el cual iba pasando de generación en generación y cuyo autor, con los años, había quedado en el anonimato.
Gracias al continuo régimen autoritario que sufríamos, la inventiva y la originalidad habían quedado bastantes desplazadas de la voluntad de creación, por eso simplemente se la había bautizado como “La Petisa”.
Cada vez que entraba La Petisa, el estómago se me anudaba, la frente se me plagaba de perlas de sudor frío, la boca se inundaba como un manantial de saliva constante y comenzaba la autónoma peregrinación al baño, acompañado de las carcajadas reprimidas de mis amigos más cercanos, los cuales conocían mi problema.
Era la única profesora de matemáticas que daba clases a las cinco divisiones del colegio. Eso le daba un poder casi absoluto sobre el saber calculatorio de las generaciones que la sufrían, o la disfrutaban. Como queda en evidencia, yo formaba parte del grupo que la padecía. Esta mujer tenía la capacidad de transformar un hermoso día en una profunda frustración, al hacer notar mi incapacidad mental para poder despejar X. Incapacidad que presagiaba un futuro en donde las incógnitas continúan siendo incalculables (y que hasta hoy sigo sin querer resolver)
El problema principal era su carácter, el cual se anunciaba a través de su voz aguardentosa quebrada por años de cigarrillos largos y café. El aliento a ceniza que salía de su boca cuando se acercaba a revisar la tarea, te derretía el valor y pasabas a transformarte en una gallina cobarde y sin remedio.
Peor eran aquellos días en que se enfundaba en unos estrechísimos pantalones de cuero, los cuales producían un continuo cruce de miradas por todo el aula. Ese look sado, a pesar del terror que infringía, fue el deleite de varios que, sumidos en la desdicha de pertenecer a un colegio de varones, dedicaban sus noches a la práctica onanista. La cuestión onírico/noctámbula, no recaía en su belleza, cualidad de la que carecía con afirmación unánime, sino en las hormonas adolescentes que no lograban distinguir el buen gusto.
Con esos mismos pantalones y un pañuelo de ceda anudado en la garganta, se hizo presente en aquella mañana de finales de noviembre, dejando una estela de humo cortada de un portazo.
Como de costumbre los ejercicios de ecuaciones no los tenía hechos y mientras mi estomago se esforzaba por retener el café con leche, los copiaba sin pausas y con prisa sobrehumana de la carpeta de mi compañero de banco Ignacio (quien, a su vez, se los había copiado a primera hora de Juan porque a este último se los había hecho la profesora particular)
Con firmeza en su andar y clavando el taco en las frágiles maderas del piso, comenzó el recorrido de control de tarea. Dependía del destino, más que de la suerte, que La Petisa comenzara por el pasillo de la ventana. De lo contrario el tiempo para copiar, sin raciocinio alguno, diez ejercicios de Despejar X, era prácticamente una  misión imposible. Ese día comenzó el control por el pasillo de la ventana.
Adrián fue la primera victima. Ni sus ojos celestes podían hacer conmover el gélido pulso de la lapicera roja, la cual atravesaba con una bisectriz perfecta la hoja cuadriculada Rivadavia N°3, que había sido el espejo facial de horas y horas de cálculos en la tarde anterior. El segundo era Lea, que si bien no tenía problemas con las matemáticas, su conducta lograba reestablecer y modificar los parámetros de cualquier ciencia dura que esté en manos de una profesora vengativa.
Los dioses ese día quisieron que por error de cálculos La Petisa no me viera copiando los ejercicios, ya que si eso sucedía era preferible ser circuncidado con una amoladora. El producto y el motivo de su distracción era la carpeta vacía del Chino.
Obviamente que el Chino era en realidad japonés, o mejor dicho, argentino hijo de japoneses, pero en este caso la originalidad también había dejado paso a lo vulgar y todos conocíamos al japonés como Chino.
La Petisa se había instalado frente a él, con la libreta en la mano, preparada para comenzar con el atosigamiento al condenado. Todos nos detuvimos en lo que estábamos haciendo y pusimos especial atención en la escena. A nadie ni por casualidad se le había ocurrido enfrentar con indiferencia a los rugidos furiosos que la Petisa emanaba a centímetros de tu cara, salpicándote con pequeñas gotitas de baba que funcionaban como grandes escupidas de desprecio.
El pobre Chino no levantaba la vista de la carpeta, o eso creíamos nosotros ya que sus ojos parecían cerrados, y nuestra compasión se trasformó en admiración debido al acto de heroico que estaba por suceder.

-          Yosiro, por qué no hizo la tarea?

El Chino seguía con la vista en sus ecuaciones, sin responder.

-          Me podés contestar Yosiro?- se comenzaba a notar cierto tono de impaciencia. La Petisa nunca llegaba a la segunda pregunta sin haber obtenido previamente respuesta.

El Chino levanto la vista de la carpeta y comenzó a mirar hacia los costados, analizando la situación, confirmando su convicción de que no estaba solo.

-          Yosiro te estoy hablando?- el tono ya se había elevado y la fuerza ejercida por la glotis, comenzaba a connotarse en la yugular.

El Chino la miró de arriba hacia abajo y giró su cabeza hacia atrás.
Pasaban dos cosas, o el Chino había tomado la decisión de hacer frente a unos de los seres más terribles que a uno le podían tocar durante la adolescencia o había dejado de valorar su vida y encaminarse a una muerte segura.

-          YOSIRO CONTESTAME!!!! TE ESTOY HABLANDO NENE!!! - la yugular le explotaba y todo su cuello se había puesto del mismo rojo que la ceda que lo envolvía.

La libreta había volado por el aire, cayendo en el banco de Lea como un pájaro muerto al que nadie se anima a tocar. Los bancos poco a poco y en silencio, se fueron separando milimétricamente del epicentro de la discordia, entes de que todo explote conformando un hongo atómico.
El Chino continuaba impávido, con su cara de luna, sus ojos rezagados y sus orejas como asas de un una taza. No se le movía un músculo. Su expresión era de piedra. 
Con las dos manos aferradas al banco, La Petisa se inclino haciendo rechinar los pantalones de cuero. Ninguno de nosotros respiraba. Acercó el rostro furioso al del Chino, su cara estaba por explotar de ira, y haciéndole volar el flequillo, gritó:

-         YOSIRO SOS TONTO!!!???

El Chino limpió la saliva nicotínica que se había depositado en su frente y nos volvió a mirar cómplice y despreocupado.
En un movimiento felino La Petisa arrancó de su letargo la libreta de notas, haciendo que Lea se tatuara a la pared en busca de la invisibilidad mientras Adrián quedara aferrado a la contención de esfínteres.
Comenzó a recorrer con la punta de la lapicera roja, todos los nombres de la lista. Iba y venia, iba y venía. No se detenía en ninguno, estaba ciega de furia. Sus ojos inyectados en sangre buscaban desesperados la Y de Yosiro.
Un rayo mortal atravesó la frente del Chino, la mirada de La Petisa se había clavado en medio de las dos rayitas que tenía como ojos.
La Petisa se acerco despacio hasta colocarse junto al Chino. Todos esperábamos el desenlace final, la estocada culmine, el momento súbito.
Tragando saliva La Petisa dijo delante de toda la clase:

-          Discúlpeme Yamanato, lo confundí con otro alumno.- la disculpa fue casi un susurro

Cerró su libreta y perdiendo algo de compostura se retiró cerrando suavemente la puerta.
Todos explotamos al grito de Yamaaanato, Yamaaaanato. Sin abrir la boca el Chino Yamanato había logrado vencer a la tenebrosa figura dictatorial de La Petisa, para quien desde ese día, los chinos no volvieron a ser todos iguales.    
                                             

                                                          14/12/10

Ilustración Didier Illouz

martes, 21 de diciembre de 2010

PREFACIO A MUERTE EN CRUDO II

Hola a las letras, acá estamos de nuevo. Apuraditos, esta gente resultó exigente..!
Les presentamos en la publicación anterior, a la muerte en crudo.
Dije “cuadro en ropa de cama”, digo muerte en su intimidad más transparente, en esa del segundo que precede a lo que para ella, significa dormir.
Hoy, nos metemos en su despertar. En la carga que debe llevar, en cómo viste su disfraz.
Estas fotos también fueron sacadas por Lucas, pero fueron el reflejo de una historia anterior que de haber leído van a recordar al ver las imágenes. Si no recuerdan, no imaginaron demasiado.
No voy a escribir nada nuevo en referencia a estos cuadros. No puedo serme infiel.
Así es que voy a volver a contarme la historia que alguna vez me conté, me cuento muy seguido.

Es un placer para mí (me enseñaron y al fin aprendí, a “no meter en la misma bolsa…!”) si pueden…Vamos de nuevo:
Es un placer para mí, si pueden llegar a sentir al menos una sombra de lo que disfruto cada vez que estos personajes viven.
Gracias.   


Creo que el arte permite crear una cosa desde uno, que esa cosa se distinga de nuestra alma, y cuando está la cosa individual, que pueda verse no propia, que no pueda distinguirse el origen, porque toda ella, sea origen y fin.

Ahí va de nuevo, se desmembró de mí.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA CHICA DESCALZA



Y una mañana temprano la chica
descalza decidió suicidarse.
La noche anterior había salido decidida a bailar
con ángeles perdidos que danzaban por la noche.
Pero antes se había acostumbrado
a curarse las heridas con sal,
toda vez que su corazón le avisaba que ya no flotaba.
A su trabajo iba siempre, pero nunca estaba allí.
Su mirada violenta le quitaba espacios,
aunque su sonrisa jugaba para la tribuna.
Por eso después de cada fecha,
el vestuario necesitaba del pizarrón y la yerba.
Su cabeza era una vaca sagrada
de las que ordeñaba ideas como ametralladora.
Un día, hace mucho, su corazón tomo de rehén
la sonrisa de un fantasma que había decidido
a jugarse las sábanas.
En ese paso, la chica descalza,
quemó más naves de las que tenía.
La imaginación decidió subirse a la montaña rusa,
Y en lo más alto el fantasma huyó despavorido.
Ella se quedó sola. Muy sola.
Es que aquél fantasma se asustó de las certezas.
Y justo ella, que no era exclusiva de nadie,
se encontró concurrida de silencios.
En el momento en que buscaba hacer pie en el infinito,
la locura se hizo dueña de ella en una semana de extravíos.
Cuando una tarde decidió romper con los lazos del primer día,
se paró desnuda en el parque a esperar
que la golpeara la primer piedra, del granizo de las almas.
En una nube de octubre se hizo amiga del huérfano del sol,
pero también se asfixió sola.
Y el huérfano siguió huérfano…y ahora manco.
Es que a ella, el aire le faltaba más que el alimento.
Y así, chorros de dolor escurrían de su alma.
Hasta que, claro, no pudo mas.
Ella que movía nubes con el pincel,
se inmoló en el que decidió sería su última obra maestra:
La pintura de su dolor.

                                                    Walter Gómez
                                                         31/05/10


(fotografía de Jody Ake)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Comentario del libro "La tournee de Dios" de Jardiel Poncela por Noemí Porteiro




Durante un verano del año 1929 Enrique Jardiel Poncela escribió La Tournée de Dios, el relato atrapa por la vigencia de las descripciones que hace sobre la situaciones sociopolíticas de esos tiempos, la primera reflexión es lo poco que hemos evolucionado como sociedad después de pasado ochenta años.

La primera pregunta es quién este hombre que escribe sobre Dios en un tono cómico, un tema tan serio. Cómo se atreve a expresar por medio de cinco personajes tan particulares un jefe de redacción homosexual totalmente asumido, un escritor, un doctor fabulador, una cantante y el que en un principio es el protagonista principal,  Dios, representado como un viejo con barba recortada vestido ordinariamente. Digo aparentemente porque el verdadero protagonista de este libro somos todos nosotros con nuestro egoísmo,  absurdas y ridículas interpretaciones del deber ser.

Jardiel Poncela  aclara que no es un libro antirreligioso y que de ir en contra de alguien va contra la Humanidad, la humanidad es la verdadera protagonista, la que es descripta con todas sus contradicciones, con todas sus miserias. Y así sigue dando palos a diestra y siniestra para terminar con un final poco feliz que aun sabiendo que es producto del intelecto del autor nos deja de perplejos.

Cuando uno cierra el libro reflexiona: lo que pasa es que somos animales racionales,  como animales pensantes no podemos reconocer que hay cosas que no las vamos a saber nunca en nuestra vida, estamos atrapados entre el pasado y el futuro, y eso de no saber de donde venimos y adonde vamos después de la vida, nos produce angustia existencial,  algunos se refugian en la religión, lo que son como yo estamos jodidos, debe ser por eso que nos toco tanto este libro.

Llegando al final dice "Recapacitad, fatuos soberbios, gente engreída por una Inteligencia que yo os he dado". También "nadie conocerá nunca la opinión de Dios, se opone a ello la estupidez humana, la incapacidad torpe infinitamente torpe del hombre. Y su egoísmo. Y su vanidad delirante, que siempre le hará creerse mas de lo que es".

Abatida por tanta verdad revelada comienzo a leer el libro nuevamente desde el principio, es entonces cuando caigo en la cuenta que piensa el mundo como un ser orgánico, cuenta que escribió el libro porque  llevado de ciertas reacciones sentimentales se dispuso a vivir en contacto con la Naturaleza  (la pone en mayúsculas), dice que ideo y planeo el libro ante el espectáculo misterioso y eterno de la Naturaleza, entonces recuerdo que al final le dice  a Federico que sufra y llore, que cuando sienta como su acongojado corazón late contra el suelo comunicándole al planeta sus latidos y sirviéndote de el como una inmensa caja de resonancia te sentirás tan angustiosamente feliz..... y sigue ... habrás cumplido  tu misión de gota de agua.
Y pasa un día o dos y seguimos pensando en el libro y nos damos cuenta de que somos la especie más depredadora, la que más daño le hace al planeta.
Nos damos cuenta de nuestra propia estupidez cuando el personaje mas coherente es el loco del Doctor Flag el que cuando Dios con previo aviso se presenta en forma humana, contra toda majestuosidad preparada para el recibimiento, es el único que se le ocurre ofrecerle algo tan obvio como una limonada.

Hasta lo que consideramos  mas simple es una obra de arquitectura perfecta, una hoja  un árbol, un animal, un nacimiento, todo resulta  tan cotidiano que dejamos  asombrarnos y de celebrar su existencia.
Como escribió Jardiel Poncela “la humanidad, desatada e impúdica, perdida la confianza en sí, un concepto ya del deber, engreída, soberbia y fatua, llena de altiveces, dispuesta a no resignarse, frívola y frenética, olvidada de la serenidad y de la sencillez, ambiciosa y triste, reclamándole a la vida mucho mas de lo que la vida puede dar, desposeída de esa alegría por la alegría que es el único camino de la dicha, corre enloquecida hacia la definitiva bancarrota”.

A los que no leyeron el libro se lo recomiendo, reflexiona sobre muchísimos temas imposibles de resumir, sus opiniones son fuertes, en algunos caso estamos totalmente en desacuerdo porque no comprendemos como puede llegar a esas conclusiones pero después cuando terminamos el libro en el contexto en general entendemos el por que, son temas que ya sabemos pero que al verlos tan bien escritos nos calan hondo, por otra parte si no utilizara el humor como recurso narrativo seria un libro imposible de leer.

 A los que lo leyeron y se quedaron shoqueados  y angustiados con el final, para cambiar el estado de ánimo les recomiendo volver a leer el principio, el libro es como la vida misma,  cíclica, todo termina para volver a empezar.

Las mutaciones biológicas tardan millones de años en manifestarse, cuantos millones de años se necesitaran para que la humanidad llegue a la madurez de su plenitud, nosotros seguramente no lo vamos a ver, pero libros como este contribuyen a que eso algún día sea posible
Los que intelectualizamos todo entramos en una espiral y al final llegamos a la conclusión de que lo mejor es tomar mate bajo un árbol y contemplar la naturaleza, o quizás por que no   leyendo algún otro libro de Jardiel Poncela.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

GESUALDO BUFALINO (Extracto)


POR QUÉ ESCRIBIR


“Por qué se escribe? Me pregunto. ¿por qué nos afanamos en tejer sueños y mentiras, en dar cuerpo a muñecos y fantasmas, en fabricar babilonias de papel, en inventar vidas vicarias, universos paralelos y mentirosos, mientras afuera tan plausible, llueve la luz de la luna en la hierba y nuestros movimientos naturales , las mas inmediatas insurrecciones de nuestros sentidos nos invitan afectuosas al juego, divinamente simple de la vida? La vida que es enamoramiento impulsivo de sí misma, crédulo abandono de las cuatro doradas, virginales, felices estaciones.
Escribir insinúa la voz, no significa solo adular los minutos en la cosmética del imaginario, sino enriquecerlos con nuestras divagaciones mentales, adobarlos viciosamente con nuestras negras máscaras. Representa por lo tanto de algún modo, una culpa: Acaso mancharse las manos con tinta es como mancharse un poco con sangre. Un escrito nunca es inocente.
No solo por esto, pero en el acto mismo en el cual un autor  se humilla a la soberbia de decir “yo” ¿Cómo hacer para no sentirse indefenso, despojado, similar a un recluta en la mañana de la revisación médica? No asume, acaso, cada palabra suya los colores lívidos de una delación imperfecta? ¿No trasuda los sudores, los polvos abyectos de un despojo tentador y ausente? Exponerse en el escenario bajo las fulminantes luces de los reflectores, se convierte con el paso del tiempo, en una intolerable esclavitud.
¡El silencio en cambio…la perfección, la asepsia, la impunidad del silencio! ¡Poder observar la vida desde la butaca antes que representarla!...

…Afirma Montherlant que publicar un libro es como hablar en la mesa en presencia de la servidumbre. Lo paradójico es que para poder afirmarlo, él tuvo que recurrir a un libro: Tan peligrosa y plural es la naturaleza de la escritura…al punto que hasta quien se aficiona a la segregación y no soporta otro aire que no sea aquel de la cárcel, quien se hace oblicuo Voyeur de sí mismo, con un espejo en mano y uno detrás en la espalda, ni siquiera resiste a la tentación  de contar al mundo su narcisístico placer y las mil satisfacciones de la rebelión…

…Esto quiere decir que se escribe para poblar el desierto; Para no estar mas solos en la voluntad de estar solos; para distraerse en la tentación de la nada o al menos aplazarla. A semejanza de la joven princesa de Las Mil y Una Noches, cada uno habla a su turno para postergar la ejecución, para corromper al verdugo.
Muerte y escritura, he aquí una conexión crucial. Tiene razón Blanchot. Se escribe para no morir. En esta vida, se entiende…

…Se escribe para recordar, repito. Pero también se escribe para olvidar, para hacer inofensivo el dolor, biodegradarlo como se hace con los venenos en la química. La escritura puede ser un barniz que nos sirva como paliativo de los sentimientos y nos proteja de las angustias de la vida.
Aquí surge otra unión: Medicina y escritura. Que puede traducirse de un modo mas preciso: Escritura como analgésico, como remedio, y “placebo”, cuando se tiene en cuenta el margen del engaño piadoso que siempre comporta un consuelo de ese género.
¿Pero no se escribe también para ser felices? Leopardi lo afirma: “Felicidad por mí experimentada en el tiempo de componer, el mejor tiempo que yo haya pasado en mi vida y en el cual me alegraría durar mientras viva. Pasar los días sin darme cuenta y parecerme las horas cortísimas y maravillarme  frecuentemente yo mismo, de tanta pasión”. Escuchemos a Pavese: “Cuando escribo algo y me sumerjo, estoy sereno, equilibrado, felíz”…

…Sigamos adelante: Se escribe para hacer testamento…”Pronunciad cada palabra como si fuese la última” ha dicho Canetti y es una bella y solemne definición de la escritura…

…Se escribe para reemplazar la vida, para vivir otras…

*Cere Perse, Sellerio, Italia 1985

sábado, 6 de noviembre de 2010

QUIEN SOY



Quién soy
            Un compuesto del ayer y del lagarto

Lo que me interesa en este momento
            Una mujer citadina que tuviese en su bolsillo una caja de yodoformo

Lo que me asusta
Las gatas-damas de hocico helado

Lo que me gustaría tener
            La llave de cualquier casa

Qué perfumería eligiría
            El olor del barniz con que se untan los féretros

Qué color prefiero
            El de la rafia al de la rosa

Y tus ojos
            Debería semejarse a carbones humeantes

Vuestras ciudades
            Cuando estén hechas de odres

Lo que espero del sueño
            La mayor cantidad de azules posible

Del amor
            La mayor cantidad posible de calles encantadas

De la naturaleza
            El máximo de pájaros disecados

El asno tiene mas ternura que la mujer
            Cuando está atado a la cuna tras el diluvio

Cuándo ya no tendré aversión por las oficinas
            Cuando las dactilógrafas escriban en la selva

Cómo reconocemos un cementerio
            Por la tarjeta de visita

Por qué afino de diferente manera mi piano
            Es que no me gusta volver sobre mis pasos

Quién soy
            Pregúntenmelo cuando duermo
                                                                                                           
Vitezlav nezval (1933)

sábado, 30 de octubre de 2010

Tan solo una palabra

Yo bebía, crispado como un extravagante,
En sus ojos, firmamento morado que gesta un huracán,
El dolor que fascina y el deleite que mata.
Un relámpago… ¡y la noche otra vez!
                                                         Charles Baudelaire




Abro los ojos. Resucito otra vez a las inclemencias que me deparan las vicisitudes de un nuevo día.
Apago el despertador antes de que suene; sería demasiado molesto. La demanda de tiempo que me lleva prepararme para afrontar el día es mínima.
El sol ilumina los cristales de mi habitación. ¿Será demasiado tarde?
Es demasiado tarde.
Salgo apresurado de casa. La calle se encuentra desierta. Los árboles, el asfalto, los coches, todo toma ese color plomizo de la aurora. Me apoltrona su usura.
A lo lejos puedo, a gatas, divisar el número del colectivo que me llevara a la gran ciudad.
Lo paro y subo. La pequeña pantalla de la maquina de boletos me muestra el valor del dispendio que debo abonar por mi viaje.
Cuarenta y cinco minutos hasta mi parada. Demasiados rostros, historias, desánimos, melancolías, hastío. Nadie se mira,  pero a la vez me desarman con sus miradas. Todos mueren en una mueca de dolor. No puedo entender como puedo compartir con toda esta gente más tiempo que el que paso con las personas que amo.
Llego por fin a mi destino. La gran ciudad me ofrece un panorama totalmente diferente. Aquí la gente se cuenta por decenas. Las calles se trasforman en ese gran vehículo que lleva y trae hacia ninguna parte y en donde ya no tengo la esperanza de encontrar a nadie.
Veo las gigantescas letras de los avisos publicitarios que contaminan paredes quitándoles identidad.
Sin preverlo la aglomeración de personas me arrastra a la boca del subte. Dentro de las entrañas de la ciudad la situación se pone peor. Mi libertad se resume a la voluntad de los demás. El aliento, el roce, sus vestidos, todo tiene un sabor amargo.
Por un instante logro ver a una mujer. Un recreo para mis ojos. Entre sus manos tiene un chelo, el cual ejecuta con soltura. El instante en que paso a su lado es ínfimo pero me hace recordar lo mucho que me atraen las mujeres violonchelistas, será por ese compromiso sexual de disponer el instrumento entre sus piernas, supongo.
Otra vez en el exterior.
Entupido de mí que todavía intento recibir una bocanada de aire fresco.
Aun más gente. Cada transeúnte se suma a otro y el trancito de personas se convierte en un tenpestuso rió que me ahoga. La vorágine me fastidia, los colores me saturan, el humo y el esmog me embriagan. Me refugio en el anonimato y trato de enconar un cómplice.
De pronto, una mirada me encuentra….
Nunca pensé que una mirada ajena pudiera despertar tal sentimiento en mí.
Es una mujer.
Durante ese segundo de fascinación discierno entre dos actitudes a tomar: seguir mirándola, lo cual equivaldría a cristalizar una relación amorosa, o bajar la mirada, y en un segundo igual de efímero que el que nos hizo conocer, perderla para siempre.
Nos seguimos mirando, pero es ella la que en un instante me pierde de vista. Nunca más en nuestras vidas nos volveremos a ver…
Si solo me hubiese apresurado en llegar. Si hubiésemos intercambiado una palabra. Oír ese sonido que me saque de esta inmunda existencia, en donde todo existe para los ojos y nada para los oídos. Una palabra que haga brotar todo un bosque de otras palabras. Una palabra que corte con el progreso urbano de ensordecer nuestras almas. Tan solo una palabra.