domingo, 27 de febrero de 2011

CANDELA



El reloj parece ser el único elemento
que disipa lo aleatorio de cada sol.
Es que a Candela, la chica del fin de cada sueño,
no se la ubica en ningún mapa.
Es parte del encuentro de cuerpos celestes,
que derrumba las certezas de los superficiales.
Ningún movimiento de piezas
pone a los jugadores en movimiento.
Candela propone demostrar en silencio,
que lo ineficaz parte del momento en que uno arma el plan.
Su silueta delgada y su blanca imagen
no imponen, sino invitan.
Aunque al acercarse, más bien genera un ámbito
expectante y de admiración.
Candela sale de los libros de historia
para internarse en el desayuno de la mañana,
como lo indispensable para despertar.
Sus ojos son dos linternas
que iluminan la oscuridad de mi alma.
Alumbran la pesadumbre que arrastro todos los días,
al enfrentar cada capítulo de esta novela.
Candela es la flor que, desapercibida en la confusión,
es capaz de transformarse en el jardín que embellece el asfalto.
Sola se acomoda en el rincón que mejor siente.
Atraviesa su propia trascendencia
desde el lugar que más le queda.
Se coloca en su creativa inmediatez
e inventa su propio audiovisual cada día.
Todas las mañanas saca su viaje de ida,
no le sientan cómodos los abonos.
Aplasta día a día.
No es rehén de su destino,
ella cambia de cielo de acuerdo a cada despertar.
Es tan sencilla que su camino no está establecido,
sino que lo dibuja en cada movimiento.
La mañana así comienza, con las mayúsculas del corazón,
y la cotidianeidad desaparece con la bruma.

   Walter Gómez 25/06/08

viernes, 25 de febrero de 2011

Canción infantil




¿Quién ríe, se ha reído?
Pues sí que se ha lucido.
Se ríe y han creído
que su razón ha habido.
¿Quién llora o ha llorado?
Llorar se ha terminado.
Si llora, por sentado,
que hay algo que ha ocultado.
¿Quién habla o se ha callado?
Si calla es denunciado.
Y si habla, ha silenciado
por qué al final ha hablado.
¿Quién juega tan temprano?
Si juega será en vano,
Ya se quemó la mano
con ese juego insano.
¿Quién muere, quién se ha muerto?
Quien muere, llega a puerto.
Si muere, ten por cierto,
que el caso queda abierto.

    Günter Grass   

jueves, 24 de febrero de 2011

El Camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse



En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo
malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de
total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado
de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos
juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de
manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento
necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del
cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se
condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se
volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios,
pues el método se generalizó tanto que con el
tiempo no había ya quien no llevara consigo un
equipo completo de cristales para aquellos casos en
que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o
verdiazul, o de cualquier color más o menos
indefinido, para dar el cual eran necesarias tres,
cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón,
considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a
medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas
prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión
de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina
general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran
dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el
orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho
consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si
alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para
descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos
para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía
entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de
otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por
divertirse.
De esa época viene el dicho de que
todo Camaleón es según el color
del cristal con que se mira.

           Augusto Monterroso

lunes, 14 de febrero de 2011

"La maldición de Verrocchio"

Verrocchio, profesor de Da Vinci, se paraliza ante un lienzo
al notar la superioridad de su discípulo.





http://www.youtube.com/user/masalla100?feature=mhum#p/a/u/0/R1nniD-HTEc



Audio: Lucas Donadio, Laura Beraldi.

- Prólogo -


El alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su autor. Oscar Wilde. Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso.

El alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago.

Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro de lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.

Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.


Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades –diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.

-¿Por qué lloras?- le preguntaron las Oréades.

-Lloro por Narciso- repuso el lago.

-¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-.

Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

-¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.

-¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días-

El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:

-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

-Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.

-¡Qué bella historia! –dijo el Alquimista.





Paulo Cohello“El Alquimista”

Táctica y estrategia


Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.



Mario Benedetti

-Fragmento de las rimas-


Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada.
Oigo flotando en olas de armonías
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
¿Dime...? ¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!



Gustavo Adolfo Bécquer


DIEZ MANDAMIENTOS PARA ESCRIBIR CON ESTILO

FRIEDRITCH NIETZSCHE

1- Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
2- El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
3- Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
4- El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.
5- La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.
6- Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.
7- El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.
8- Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
9- El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.
10- No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

sábado, 5 de febrero de 2011

EL VIAJE FINAL



¿Se puede salir indemne de un viaje en el que uno
se decide deshacer de las marcas que nos dejó el barro?
Miro para atrás, y todo lo que se ve es una pintura de Bosch
que en un tiempo, pesaba mi alma.
Ahora procuro levantar mis pies,
y el trigo de la suela provoca una especie de deslizamiento
que encanta mi andar.
Mientras el sueño se construye,
el camino ayuda a sostener la silueta.
Es como un andar vago, de esos que los tiempos ayudan a reflexionar.
El aire me llena de magia.
Me permite respirar el doble.
Hace un par de años, se me achicaba la garganta,
o al menos esa era la sensación.
Hoy mi neumonía mental es parte del pasado.
El viaje se hace de la  mano de la pasión,
y siento ahora como si el agua acariciara mis tobillos.
El sol débil de frente a mi cara genera un clima especial,
solo que mis manos, autosuficientes,
empiezan a dibujar una figura en un papel imaginado.
El trazo fino y un llanto…
Ahora otro trazo fino y otro llanto.
El viaje se llena como de espuma.
El agua de los tobillos se transforma en un baño refrescante.
Los dibujos se reflejan en el cielo y dejan de ser tales.
Mis manos ahora siente el peso de dos niños recién nacidos.
En sus ojos, hay rastros de mi amada
que me besa detrás de la oreja con suavidad y me susurra:

“Amor, el viaje recién empieza. Lo que viviste recién fue el final de algo. La salida de algún lugar donde juntos, de la mano, pudimos escapar. Recién ahora estamos en el final de ese túnel. Dale, vamos a disfrutar”.

jueves, 3 de febrero de 2011

El estado del cajón


¿Existe algo más vacío
que el cajón donde
uno solía guardar el opio?
¡Cómo se parece a una margarita amarilla
cegada, convertida en una margarita común
mi precioso cajón de la cocina!
Cómo se parece a una nariz sin agujeros
mi desnudo cajón de madera!
¡Cómo se parece a una cesta sin huevos!
¡A un estanque sin su tortuga!
Mi mano ha explorado
mi cajón como una rata
en un experimento de laberintos.
¡Lector, puedo decir con seguridad
que no existe un cajón más vacío
en toda la cristiandad!


                                         Leonard Cohen

jueves, 27 de enero de 2011

Sylvia Plath (Diarios)



Julio de 1950, Welleswey “En el piso alto, en el rectángulo blanco y estéril del cuarto de baño, con olor a carne tibia y a pasta de dientes, me incliné sobre el lavabo con un rito maquinal, lavándome las zonas prescriptas, rindiendo cultos a los cromados resplandecientes, a la luz que chocaba de aquí y de allá, frágil, cegadora desde los grifos. Caliente y fría, la limpieza que llega en forma de suaves pastillas verdes y perfumadas; cabellos en finas líneas dibujadas a lápiz  curvándose sobre el esmalte blanco; los medicamentos, los sólidos tarros de cristal opaco, los frascos que curan los síntomas de un resfriado o te entregan al sueño en el espacio de una hora. Y luego la cama, en el mismo aire potencialmente fecundo, con aroma a espliego, cortinaje de encaje y el tibio olor felino como almizcle esperando para asimilarte…por todas partes una pálida espera.
Y tu eres el conmovedor compendio de todo ello. De ti, por ti, para ti. Dios mío, ¿es todo lo que hay , el rebote a lo largo del corredor de risas y lágrimas? ¿de ensalzarse y despreciarse a una misma? ¿de la gloria y el asco?”.

De una carta a Eddie Cohen (1950) “Vuelvo a donde estoy, inmóvil, nadando, ahogándome, enferma del deseo. Me han inyectado demasiado mala conciencia para romper con las costumbres sin efectos desastrosos; lo único que puedo hacer es llegar envidiosa, hasta la frontera y odiar con toda mi alma a los varones que sacian su hambre de sexo sin problemas, sin desconfianza, sin rupturas, mientras yo me arrastro de cita en cita, empapada en un deseo que nunca me satisface.”

3 de noviembre (1952) “ …Y ahí estriba el sofisma de la existencia: La idea de que se puede ser felíz para siempre y envejecer en una situación y con una serie de logros. Por qué se suicidó Virginia Woolf? ¿O Sara Teasdale o las otras mujeres brillantes? ¿Neurosis? Su obra escrita ¿fue una sublimación (¡que horrible plalabra!) de hondos deseos básicos? ¡Ah, si yo lo supiera!¡ Si supiera a qué altura he de colocar mis metas, los requisitos de la vida!”…

27 de abril (1953) “tengo que estar terriblemente segura de que eso (el matrimonio) no es ni una atractiva jugada llena de riesgo ni un escape efímero. No conozco a ninguno de los tres como para hacer el pronóstico de toda una vida, ni siquiera uno muy vago y general. Tendría que vivir con cada uno durante un cierto tiempo…El único chico al que conozco realmente bien es aquél al que conozco lo suficiente para saber que nunca me casaré con él ni lo querré…Ah un amor, compartir cada vez mas sería algo tan bueno, tan poco complicado. Y en estos días tan rápidos y sumamente complicados de velocidad, estados de ánimo y psicología, es relativamente complicado conocer a alguien, como es imposible “conocerse” a uno mismo. De repente todo el mundo está muy casado y feliz, y tu estás muy sola y amargada por desayunar sola un insído huevo cocido y por pintarte la boca muy roja con la que sonreir, ah, llena de dulzura, al mundo…”

19 de febrero de 1959, jueves…”Yo aquí sentada como si me hubieran descerebrado, y queriendo un hijo, una carrera, aunque solo Dios sabe haciendo qué, si no es escribir. Qué decisión interior, qué asesinato interior, o fuga de prisión tengo que cometer si quiero hablar con mi auténtica voz profunda al escribir (palabra que por alguna razón que sobresalta al deletrearla) y no sentir este atasco de sentimientos detrás de una fachada ornamental cerrada con cristal, de palabrería paralizada y muda. Animada hasta cierto punto por la publicación en The Spectator  de mis dos poemitas. Creo que ahora el éxito me daría fuerzas. Pero lo mas alentador es estar rompiendo mi campana de cristal. ¿De qué tengo miedo?¿De hacerme vieja y morirme sin ser alguien?...

SUSURRO

Dame tu fuerza, no dejes de hacerlo
se clara en tus pensamientos y no te adelantes,
sos hermosa y transparente, se simple,
no dejes que te influyan, ni a tu mente,
pensa con el espirutu que es gigante y puro,
lo veo todo el tiempo, como se te escapa,
se eleva, unos centímetros de tu piel
se mueve lentamente como nadando,
arrastrando minusculas particulas de luz,
se rie, es dulce, es sabio,
sos vos en tu estado original,
no te metas mas en mentes ajenas
no estas lista, te va a matar
te enchastra de oscuridad,  sos luz,
te amo porque sos luz y ves lo que veo,
sos hermosa, no dejes de hacerlo.

                 Lucas M. Donadio

MI HERMOSA INVITADA

Camino lentamente por el sendero sin nombre,
estoy solo,
las calles azules duermen vacias,
la niebla de los sueños avanza
devorando sin piedad todo cuerpo a su paso.

Duerme...

Camino lentamente por la virgen ciudad
voces timidas murmuran cantos sagrados,
ruinas de un mundo perdido
descansan hacia ambos lados del camino,
una flora inedita crece adornando las calles proscritas,
la luna circular realza mi natural fosforescencia,
a mi lado camina mi hermosa invitada.

-te gusta mi lugar?

-no se, no hay nadie, estamos solos

-si es raro, siendo tan simple el camino, se pierden,
yo ya me canse de invitarlos

-tengo miedo, para que me traes aca?
que me vas a hacer?

-calma, no te apresures,
esto es solo el principio.

Despierta que ya es tarde.

                                  Lucas Donadio

SI TE DIGO QUE...

Decir te anhelo es más lindo que te quiero,
al decir te quiero se pretende propiedad.
...si te digo que te anhelo, es porque no te quiero,
sino porque te espero.

                  Mariela Laura Zappino

miércoles, 19 de enero de 2011

NO QUISIERA MORIR

No quisiera morir
sin haber conocido
los perros negros de México
que duermen sin soñar
los monos de culo pelado
devoradores de trópicos
las arañas de plata
en el nido trufado de burbujas
no quisiera morir
sin saber si la luna
con su falso aire de moneda
tiene un lado puntiagudo
si el sol está frío
si las cuatro estaciones
no son en realidad más que cuatro
sin haber intentado
llevar un vestido
en los grandes bulevares
sin haber mirado
en una alcantarilla
sin haber puesto el sexo
en rincones extraños
no quisiera acabar
sin conocer la lepra
o las siete enfermedades
que se atrapan allí
el bueno como el malo
no me darían pena
si yo supiera
que lo iba a estrenar
y está también
todo lo que conozco
todo lo que aprecio
que sé que me gusta
el fondo verde del mar
donde danzan las brizas de algas
en la arena ondulada
la hierba tostada de junio
la tierra que se agrieta
el olor de las coníferas
y los besos de la
que si tal que si cual
la bella que está ahí
mi osezno, Úrsula
no quisiera morir
antes de haber gastado
su boca con mi boca
su cuerpo con mis manos
el resto con mis ojos
ya no digo más es mejor
no ser irreverente
no quisiera morir
sin que hayan inventado
las rosas eternas
la jornada de dos horas
el mar en la montaña
la montaña en el mar
el fin del dolor
los diarios en color
la alegría de los niños
y tantas cosas más
que duermen en los cráneos
de geniales ingenieros
de jardineros joviales
de inquietos socialistas
de urbanos urbanistas
y de pensativos pensadores
tantas cosas que ver
que ver y que oír
tanto tiempo esperando
buscando en la oscuridad

Y ya veo el final
que bulle y que se acerca
con su cara horrorosa
y que me abre sus brazos
de rana patituerta

No quisiera morir
no señor no señora
antes de haber palpado
el sabor que me atormenta
el sabor que es más fuerte
no quisiera morir
antes de haber probado
el sabor de la muerte…



                      Boris Vian

Dossier fotográfico de Juan Franco







martes, 11 de enero de 2011

EL CHINO X


Un número considerable, opinaba, convincentemente que era una hija de puta. El resto la apreciaba y hasta podía decirse que le tenían afecto. Lo cierto era que cada vez que la hora señalada llegaba y la puerta se abría, mis intestinos comenzaban a revolucionarse, empecinados en hacer visible el desayuno de esa mañana, el cual quedaba estrellado en la taza del inodoro.
Como casi todos, también ella tenía un apodo, el cual iba pasando de generación en generación y cuyo autor, con los años, había quedado en el anonimato.
Gracias al continuo régimen autoritario que sufríamos, la inventiva y la originalidad habían quedado bastantes desplazadas de la voluntad de creación, por eso simplemente se la había bautizado como “La Petisa”.
Cada vez que entraba La Petisa, el estómago se me anudaba, la frente se me plagaba de perlas de sudor frío, la boca se inundaba como un manantial de saliva constante y comenzaba la autónoma peregrinación al baño, acompañado de las carcajadas reprimidas de mis amigos más cercanos, los cuales conocían mi problema.
Era la única profesora de matemáticas que daba clases a las cinco divisiones del colegio. Eso le daba un poder casi absoluto sobre el saber calculatorio de las generaciones que la sufrían, o la disfrutaban. Como queda en evidencia, yo formaba parte del grupo que la padecía. Esta mujer tenía la capacidad de transformar un hermoso día en una profunda frustración, al hacer notar mi incapacidad mental para poder despejar X. Incapacidad que presagiaba un futuro en donde las incógnitas continúan siendo incalculables (y que hasta hoy sigo sin querer resolver)
El problema principal era su carácter, el cual se anunciaba a través de su voz aguardentosa quebrada por años de cigarrillos largos y café. El aliento a ceniza que salía de su boca cuando se acercaba a revisar la tarea, te derretía el valor y pasabas a transformarte en una gallina cobarde y sin remedio.
Peor eran aquellos días en que se enfundaba en unos estrechísimos pantalones de cuero, los cuales producían un continuo cruce de miradas por todo el aula. Ese look sado, a pesar del terror que infringía, fue el deleite de varios que, sumidos en la desdicha de pertenecer a un colegio de varones, dedicaban sus noches a la práctica onanista. La cuestión onírico/noctámbula, no recaía en su belleza, cualidad de la que carecía con afirmación unánime, sino en las hormonas adolescentes que no lograban distinguir el buen gusto.
Con esos mismos pantalones y un pañuelo de ceda anudado en la garganta, se hizo presente en aquella mañana de finales de noviembre, dejando una estela de humo cortada de un portazo.
Como de costumbre los ejercicios de ecuaciones no los tenía hechos y mientras mi estomago se esforzaba por retener el café con leche, los copiaba sin pausas y con prisa sobrehumana de la carpeta de mi compañero de banco Ignacio (quien, a su vez, se los había copiado a primera hora de Juan porque a este último se los había hecho la profesora particular)
Con firmeza en su andar y clavando el taco en las frágiles maderas del piso, comenzó el recorrido de control de tarea. Dependía del destino, más que de la suerte, que La Petisa comenzara por el pasillo de la ventana. De lo contrario el tiempo para copiar, sin raciocinio alguno, diez ejercicios de Despejar X, era prácticamente una  misión imposible. Ese día comenzó el control por el pasillo de la ventana.
Adrián fue la primera victima. Ni sus ojos celestes podían hacer conmover el gélido pulso de la lapicera roja, la cual atravesaba con una bisectriz perfecta la hoja cuadriculada Rivadavia N°3, que había sido el espejo facial de horas y horas de cálculos en la tarde anterior. El segundo era Lea, que si bien no tenía problemas con las matemáticas, su conducta lograba reestablecer y modificar los parámetros de cualquier ciencia dura que esté en manos de una profesora vengativa.
Los dioses ese día quisieron que por error de cálculos La Petisa no me viera copiando los ejercicios, ya que si eso sucedía era preferible ser circuncidado con una amoladora. El producto y el motivo de su distracción era la carpeta vacía del Chino.
Obviamente que el Chino era en realidad japonés, o mejor dicho, argentino hijo de japoneses, pero en este caso la originalidad también había dejado paso a lo vulgar y todos conocíamos al japonés como Chino.
La Petisa se había instalado frente a él, con la libreta en la mano, preparada para comenzar con el atosigamiento al condenado. Todos nos detuvimos en lo que estábamos haciendo y pusimos especial atención en la escena. A nadie ni por casualidad se le había ocurrido enfrentar con indiferencia a los rugidos furiosos que la Petisa emanaba a centímetros de tu cara, salpicándote con pequeñas gotitas de baba que funcionaban como grandes escupidas de desprecio.
El pobre Chino no levantaba la vista de la carpeta, o eso creíamos nosotros ya que sus ojos parecían cerrados, y nuestra compasión se trasformó en admiración debido al acto de heroico que estaba por suceder.

-          Yosiro, por qué no hizo la tarea?

El Chino seguía con la vista en sus ecuaciones, sin responder.

-          Me podés contestar Yosiro?- se comenzaba a notar cierto tono de impaciencia. La Petisa nunca llegaba a la segunda pregunta sin haber obtenido previamente respuesta.

El Chino levanto la vista de la carpeta y comenzó a mirar hacia los costados, analizando la situación, confirmando su convicción de que no estaba solo.

-          Yosiro te estoy hablando?- el tono ya se había elevado y la fuerza ejercida por la glotis, comenzaba a connotarse en la yugular.

El Chino la miró de arriba hacia abajo y giró su cabeza hacia atrás.
Pasaban dos cosas, o el Chino había tomado la decisión de hacer frente a unos de los seres más terribles que a uno le podían tocar durante la adolescencia o había dejado de valorar su vida y encaminarse a una muerte segura.

-          YOSIRO CONTESTAME!!!! TE ESTOY HABLANDO NENE!!! - la yugular le explotaba y todo su cuello se había puesto del mismo rojo que la ceda que lo envolvía.

La libreta había volado por el aire, cayendo en el banco de Lea como un pájaro muerto al que nadie se anima a tocar. Los bancos poco a poco y en silencio, se fueron separando milimétricamente del epicentro de la discordia, entes de que todo explote conformando un hongo atómico.
El Chino continuaba impávido, con su cara de luna, sus ojos rezagados y sus orejas como asas de un una taza. No se le movía un músculo. Su expresión era de piedra. 
Con las dos manos aferradas al banco, La Petisa se inclino haciendo rechinar los pantalones de cuero. Ninguno de nosotros respiraba. Acercó el rostro furioso al del Chino, su cara estaba por explotar de ira, y haciéndole volar el flequillo, gritó:

-         YOSIRO SOS TONTO!!!???

El Chino limpió la saliva nicotínica que se había depositado en su frente y nos volvió a mirar cómplice y despreocupado.
En un movimiento felino La Petisa arrancó de su letargo la libreta de notas, haciendo que Lea se tatuara a la pared en busca de la invisibilidad mientras Adrián quedara aferrado a la contención de esfínteres.
Comenzó a recorrer con la punta de la lapicera roja, todos los nombres de la lista. Iba y venia, iba y venía. No se detenía en ninguno, estaba ciega de furia. Sus ojos inyectados en sangre buscaban desesperados la Y de Yosiro.
Un rayo mortal atravesó la frente del Chino, la mirada de La Petisa se había clavado en medio de las dos rayitas que tenía como ojos.
La Petisa se acerco despacio hasta colocarse junto al Chino. Todos esperábamos el desenlace final, la estocada culmine, el momento súbito.
Tragando saliva La Petisa dijo delante de toda la clase:

-          Discúlpeme Yamanato, lo confundí con otro alumno.- la disculpa fue casi un susurro

Cerró su libreta y perdiendo algo de compostura se retiró cerrando suavemente la puerta.
Todos explotamos al grito de Yamaaanato, Yamaaaanato. Sin abrir la boca el Chino Yamanato había logrado vencer a la tenebrosa figura dictatorial de La Petisa, para quien desde ese día, los chinos no volvieron a ser todos iguales.    
                                             

                                                          14/12/10

Ilustración Didier Illouz

martes, 21 de diciembre de 2010

PREFACIO A MUERTE EN CRUDO II

Hola a las letras, acá estamos de nuevo. Apuraditos, esta gente resultó exigente..!
Les presentamos en la publicación anterior, a la muerte en crudo.
Dije “cuadro en ropa de cama”, digo muerte en su intimidad más transparente, en esa del segundo que precede a lo que para ella, significa dormir.
Hoy, nos metemos en su despertar. En la carga que debe llevar, en cómo viste su disfraz.
Estas fotos también fueron sacadas por Lucas, pero fueron el reflejo de una historia anterior que de haber leído van a recordar al ver las imágenes. Si no recuerdan, no imaginaron demasiado.
No voy a escribir nada nuevo en referencia a estos cuadros. No puedo serme infiel.
Así es que voy a volver a contarme la historia que alguna vez me conté, me cuento muy seguido.

Es un placer para mí (me enseñaron y al fin aprendí, a “no meter en la misma bolsa…!”) si pueden…Vamos de nuevo:
Es un placer para mí, si pueden llegar a sentir al menos una sombra de lo que disfruto cada vez que estos personajes viven.
Gracias.   


Creo que el arte permite crear una cosa desde uno, que esa cosa se distinga de nuestra alma, y cuando está la cosa individual, que pueda verse no propia, que no pueda distinguirse el origen, porque toda ella, sea origen y fin.

Ahí va de nuevo, se desmembró de mí.

lunes, 6 de diciembre de 2010

LA CHICA DESCALZA



Y una mañana temprano la chica
descalza decidió suicidarse.
La noche anterior había salido decidida a bailar
con ángeles perdidos que danzaban por la noche.
Pero antes se había acostumbrado
a curarse las heridas con sal,
toda vez que su corazón le avisaba que ya no flotaba.
A su trabajo iba siempre, pero nunca estaba allí.
Su mirada violenta le quitaba espacios,
aunque su sonrisa jugaba para la tribuna.
Por eso después de cada fecha,
el vestuario necesitaba del pizarrón y la yerba.
Su cabeza era una vaca sagrada
de las que ordeñaba ideas como ametralladora.
Un día, hace mucho, su corazón tomo de rehén
la sonrisa de un fantasma que había decidido
a jugarse las sábanas.
En ese paso, la chica descalza,
quemó más naves de las que tenía.
La imaginación decidió subirse a la montaña rusa,
Y en lo más alto el fantasma huyó despavorido.
Ella se quedó sola. Muy sola.
Es que aquél fantasma se asustó de las certezas.
Y justo ella, que no era exclusiva de nadie,
se encontró concurrida de silencios.
En el momento en que buscaba hacer pie en el infinito,
la locura se hizo dueña de ella en una semana de extravíos.
Cuando una tarde decidió romper con los lazos del primer día,
se paró desnuda en el parque a esperar
que la golpeara la primer piedra, del granizo de las almas.
En una nube de octubre se hizo amiga del huérfano del sol,
pero también se asfixió sola.
Y el huérfano siguió huérfano…y ahora manco.
Es que a ella, el aire le faltaba más que el alimento.
Y así, chorros de dolor escurrían de su alma.
Hasta que, claro, no pudo mas.
Ella que movía nubes con el pincel,
se inmoló en el que decidió sería su última obra maestra:
La pintura de su dolor.

                                                    Walter Gómez
                                                         31/05/10


(fotografía de Jody Ake)