domingo, 1 de enero de 2012

George Bataille - En medio de un enjambre

En medio de un enjambre de muchachas, desnuda Madame Edwarda sacaba la lengua.
Ella era, para mi gusto, encantadora. La elegí: ella se sentó cerca de mí.
Apenas tuve tiempo de responder al mozo: tomé a Edwarda que se abandonó:
nuestras bocas se juntaron en un beso enfermo.

La sala estaba abarrotada de hombres y de mujeres y tal fue el desierto donde el juego se prolongó. Un
instante su mano se deslizó, y yo me quebré de pronto como un vidrio, y temblé
en mis pantalones; sentí a Madame Edwarda, de quien mis manos contenían las
nalgas, ella misma al mismo tiempo desgarrada; y en sus ojos más grandes, dados
vueltas, el terror, en su garganta un largo estrangulamiento. Me acordé que
había deseado ser infame o, más bien, que hubiera sido necesario, de toda
fuerza, que eso ocurriera. Adivinaba risas a través del tumulto de las voces,
las luces, el humo. Pero nada contaba ya. Apreté a Edwarda en mis brazos, ella
me sonrió: enseguida, transido, volví a sentir en mí un nuevo choque, una suerte
de silencio cayó sobre mí de lo alto y me heló. Era elevado en un vuelo de
Ángeles, que no tenían cuerpos ni cabezas, hechos de deslizamientos de alas,
pero era simple: me volví desgraciado y me sentí abandonado como se lo está en
presencia de Dios. Era peor y más loco que la embriaguez. Y ante todo sentí una
tristeza ante la idea de que esta grandeza, que caía sobre mí, me robaba los
placeres que yo contaba con Edwarda. Me encontré absurdo: Edwarda y yo habíamos
cambiado dos palabras. Experimenté un instante de gran malestar. No hubiera
podido decir nada de mi estado: ¡en el tumulto y las luces, la noche caía sobre
mí! Quise atropellar la mesa, tirarlo todo: la mesa estaba empotrada, fijada en
el suelo. Un hombre no pudo soportar nada más cómico. Todo había desaparecido,
la sala y Madame Edwarda. Sólo la noche...
... Escuché otra voz, proveniente de una fuerte y bella mujer, honorablemente
vestida:
- Hijos míos, pronunció la voz hombruna, hay que subir.
La segundona tomó mi dinero, me levanté y seguí a Madame Edwarda cuya desnudez
tranquila atravesó la sala. Pero el simple pasaje de en medio de las mesas
abarrotadas de muchachas y clientes, ese rito grosero de la “dama que sube”,
seguida por el hombre que le hará el amor, no fue en ese momento para mi más que
una alucinante solemnidad: los talones de Madame Edwarda sobre el suelo
embaldosado, el contoneo de ese largo cuerpo obsceno, el acre olor de mujer que
goza, humeando para mí, de ese cuerpo blanco... madame Edwarda iba delante de
mí... en nubes. La indiferencia tumultuosa de la sala a su felicidad, a la
gravedad mesurada de sus pasos, era consagración real y fiesta florida: la
muerte misma era de la fiesta, en eso de que la desnudez del burdel llama al
cuchillo del carnicero.




UTOPÍA - TOMAS MORO (FRAGMENTOS)


LOS ENFERMOS
A los enfermos los asisten con grandes atenciones y cuidados, no dejando de emplear ningún medicamento ni ningún régimen que sea útil para restituirle la salud que le falta. Si alguno padece enfermedad crónica, le hacen compañía, entreteniéndole con la conversación y prodigándole toda clase de cuidados para aliviarle.
Si la enfermedad es incurable, con, grandes y constantes dolores, los Sacerdotes y el Magistrado le visitan y confortan, tratando de persuadirle de que hallándose inepto para los actos de la vida, molesto a los demás y pesado a sí mismo, que no se rebele contra su pronto fin queriendo alimentar la maligna enfermedad. Que siendo su vida un tormento, no dude en morir, antes bien lo desee con la confianza de tan miserable estado, ya sea quitándose él mismo la vida o pidiendo que se la quiten, ya que al morir no dejará comodidades, sino la peor miseria. Además de esto (siguiendo el consejo de los Sacerdotes, intérpretes de la voluntad de Dios) los que se dejen persuadir realizarán una obra santa y pía dejándose morir de inanición, o pidiendo que les quiten la vida mientras duermen. A nadie hacen morir contra su voluntad, ni les disminuyen los cuidados durante la enfermedad mortal, persuadidos de que ejecutan una ocupación muy virtuosa. Pero si alguno se mata sin el consentimiento de los Sacerdotes y del Magistrado, no le dan sepultura y arrojan su cuerpo a una laguna.
EL MATRIMONIO
Las mujeres no se casan hasta los doce años, y los hombres hasta los dieciséis. Si antes del matrimonio son sorprendidos en actos de deshonestidad son castigados gravemente y privados perpetuamente del matrimonio; a no ser que el Príncipe, movido de piedad, les perdone el yerro con un fuerte castigo, previendo que pocos se casarían voluntariamente con la obligación de cohabitar con una sola mujer y tolerar las molestias del matrimonio, si se les consintiera (aunque fuera una sola vez) el comunicarse con ésta o con aquélla. En la elección conyugal emplean un sistema que me pareció muy chocante, pero que ellos lo tienen por muy prudente. Una mujer mayor y de buena fama manifiesta a la doncella (o viuda) al futuro esposo completamente desnuda, y lo mismo hace un grave varón con el novio ante la novia. Al criticarles yo esta costumbre por parecerme impropia, me respondieron que ellos se maravillaban de la locura de la gente que cuando compran un caballo, que al fin y al cabo es cosa de poco precio, van con tanto cuidado que lo quieren ver sin la silla de montar, para cerciorarse de que debajo de ella no existe ninguna matadura; y cuando eligen esposa que puede dar solaz o fastidio durante toda la vida, son tan negligentes que se contentan con verla toda cubierta y envuelta, sin conocer más que su rostro, en el que todavía podría esconder algún defecto que después le descontentaría de haberla elegido.
No todos son tan prudentes que atienden principalmente a las costumbres, sino que aun entre los matrimonios más instituidos y cultos los atractivos del cuerpo hacen más gratos los del ánimo.
No hay duda de que existen imperfecciones que pueden esconderse debajo del vestido, y que pueden motivar que la mujer resulte odiosa al marido. Esto debe prevenirse por las leyes para que no haya lugar a engaño, ya que ellos entre las demás naciones hacen al matrimonio indisoluble, y no admiten el divorcio más que en caso de adulterio o por alguna otra intolerable molestia, o defecto. En tal caso, el Senado concede al inocente el derecho a volverse a casar, y el culpable queda infamado y privado del matrimonio por toda la vida. No quieren que la mujer que no ha delinquido sea repudiada contra su voluntad, aunque cayese en alguna calamidad accidental del cuerpo, por parecerles crueldad que se abandone a la persona cuando necesita consuelo, y porque la vejez, que lleva achaques consigo, sería desdeñada del consorte.
Algunas veces sucede que cada consorte encuentra con quien vivir más suavemente, y entones pueden los dos separarse y contraer nuevo matrimonio con permiso del Senado, que no admite el divorcio si primero no se conocen sus causas. A esto se accede con dificultad, para que nadie espera poder mudar de matrimonio fácilmente.
Castigan a los adúlteros con durísima esclavitud, y si ambos lo son, se les concede que se casen. Pero si el cónyuge ofendido ama tanto al ofensor que no quiere hacer divorcio, no le impiden que continúe en el matrimonio y comparta la esclavitud del condenado. Y muchas veces ha sucedido que el solicito sufrimiento del inocente ha obtenido la libertad del culpado.


DESCRIPCIÓN DE LA ISLA Y SU AGRICULTURA
La isla de UTOPIA se extiende unos doscientos kilómetros, y por larguísimo espacio no se estrecha considerablemente, pero ea sus extremos queda reducida a unos cincuenta kilómetros.
Dichos extremos están como torcidos, de manera que toda la isla tiene una forma parecida a la de la luna nueva. Estas partes extremas, azotadas por el mar, distan una de otra unos once kilómetros. Entre estos brazos se forma como a manera de un lago apacible, quedando un refugio muy bien acomodado, desde el que pueden mandar sus flotas a otras regiones y países.
Las gargantas que forma la entrada, que por una parte tienen bancos de arena y vados, y por otra parte escollos disimulados, ponen espanto al que pretendiera entrar como enemigo.
Casi en el centro de este espacio existe una gran roca, en cuya parte superior han construido un fortín, y en el que existe un presidio. Hay muchos escollos ocultos (y por lo tanto muy peligrosos) de los que solamente tienen conocimiento los prácticos, de lo que resulta que muy raramente puede pasarlos ninguna nave extranjera que no esté guiada por uno de UTOPIA. Y si pretende entrar sin guiarse por ciertas señales que hay en la playa, cualquier armada enemiga embarrancará. Dentro de dicho lago existe un puerto de mucho tránsito, con un desembarcadero naturalmuy bien acomodado, de manera que poca gente de guerra pueden poner en retirada a un ejército considerable.
Se cree (y el aspecto del lugar lo confirma) que aquel país antes no estaba totalmente rodeado por el mar. Pero Utopo, de quien tomó nombre la isla, por haberla conquistado, ya que antes se llamaba Abraxa, fue quien hizo que sus moradores, que eran rústicos y muy atrasados, vivieran de manera humana y civil. Fue él quien mandó formar un istmo de unos diez kilómetros, con lo que UTOPIA quedó separada de la tierra firme y convertida en una isla. Hizo que trabajaran en dicha tarea, no solamente los moradores antiguos, sino también los soldados, y con tan gran número de brazos el trabajo quedó realizado en muy poco tiempo, dejando admirados a los vecinos, que al principio se burlaban de ellos.Hay en la isla cincuenta y cuatro ciudades, todas las cuales tienen en común el idioma, las instituciones y las leyes; y puede decirse que todas ellas están construidas bajo un mismo modelo, en cuanto lo permite el terreno. La distancia media entre ellas es, de unos veinte kilómetros, y ninguna está tan apartada de la más próxima, que en una jornada un peatón no pueda desplazarse de una a otra.
Tres ciudadanos expertos y venerables de cada una de dichas ciudades acuden todos los años
a Amauroto, ciudad que por estar en la parte central de la isla es fácilmente accesible a todas las
demás y se considera, como la Capital, por ser donde se tratan las cosas comunes y la ordenación
pública de todo el país.
El término municipal de cada ciudad viene a tener el mismo contorno que las otras, unas más
y otras menos, según lo apartadas que estén. Ninguna de ellas desea extender o ensanchar su
distrito, por considerarse más como labradores usufructuarios de los campos que Señores de ellos.
Existen alquerías muy bien provistas de toda clase de utensilios para las labores agrícolas, y
para el trabajo en estos cortijos se turnan los ciudadanos. Ninguna familia de una alquería agrupa
menos de cuarenta personas, en las que se señala Padre y Madre de familias por edad y por
costumbres venerables. Cada treinta alquerías forman una agrupación y se designa a una que se
considera como cabeza y representante de todas las demás.
Por cada familia que está en el campo, cada año vuelven a la Ciudad veinte de sus miembros
que han permanecido dos años en las tareas agrícolas, a los que sustituyen otros veinte familiares de la Ciudad para que se ejerciten en la Agricultura, de manera que los que ya son expertos por haber residido un año, amaestran a los recién llegados, los cuales a su vez instruirán, a otros al año Siguiente. Así todos los habitantes de la isla son expertos en los trabajos del campo, y se puede echar mano de todos ellos para las tareas de la recolección.
Y aunque esta manera de renovar el personal agrícola se ordena a que nadie lleve esta Vida
dura por más tiempo de dos años, no por esto los que se complacen en la agricultura dejan de
permanecer allí más años.
Los labradores cultivan el terreno, cuidan el ganado y demás animales, cortan leña y la conducen a la ciudad por tierra o por mar, según más convenga. Sacan con admirable artificio una infinidad de pollos, sin que los tengan que empollar las gallinas, ya que con calor proporcionado los incuban y después los hombres los abrigan y los cuidan. Crían pocos caballos, muy fieros, de los que únicamente se sirven para la guerra, ya que las labores de cultivo y acarreo las realizan con eyes, que aunque sean más, lentos que los caballos son más sufridos y menos sujetos a enfermedades, además de que ocasionan menos gasto, y cuando pierden fuerzas se pueden comer.
Siembran solamente trigo. Beben vino de uvas y sidra, o agua pura, o cocida con regaliz, de la que disponen en gran abundancia. Y aunque producen todas cuantas vituallas se consumen en la Ciudad y en sus contornos, siembran bastante más para poder socorrer a otros países vecinos. Todos los instrumentos de labranza se los proporcionan en la Ciudad por conducto del Magistrado, sin abonar nada por ellos. Muchos campesinos concurren todos los meses a las fiestas solemnes. Cuando llega el tiempo de la siega, los jefes de la labranza indican al Magistrado el Número de los que han de enviar a segar, y acudiendo todos a una en tiempo sereno, casi en un día siegan todos los campos.

EL TRABAJO
La Agricultura es la ocupación universal de hembras y varones, todos los cuales la conocen y la ejercitan sin distinción. Esto se les inculca desde su más tierna edad; teóricamente, en la Escuela, y prácticamente en
unos campos que están junto a la Ciudad, y no sólo mirando, sino empleando los niños en ello sus fuerzas corporales.
Además de la Agricultura, cada uno se ejercita en otro oficio distinto, como trabajar la lana o el lino, la cantería, la herrería, la carpintería y demás artes manuales El vestido es igual para todos en toda la Isla, y en ningún tiempo se han introducido novedades, existiendo únicamente diferencia en los sexos, ya que las mujeres visten de una manera y los hombres de otra; y en los estados, pues no visten igual los casados que los solteros. Ello resulta agradable a la vista, acomodado al uso, y a propósito para defenderse del frío y del calor. Cada familia se hace los vestidos a su gusto, pero ea los demás artes y oficios, tanto varones como hembras, cada uno aprende y se aplica en el que es de su elección. Las mujeres se ocupan en trabajos menos pesados tales como el labrar la lana y el lino. Y los hombres en los más duros. En general, y el hijo sigue la profesión del padre, ya que casi siempre la naturaleza le inclina a ello; pero si alguno tiene inclinación decidida por otra profesión, pasa por adopción a otra familia que trabaje en aquella tarea a que se siente inclinado. En estos casos interviene no solamente el padre natural, sino también el Magistrado, cuidando de que el Adoptivo sea hombre honrado y serio. Si alguno se ha instruido bien en una Profesión y desea aprender otra, se le permite, y cuando las conoce bien se aplica a aquella que es más de su gusto.
Está al cuidado de los Magistrados Sifograntes el evitar que haya vagabundos, antes bien, cada uno esté bien ocupado en su profesión. No comienzan su labor muy de mañana, ni trabajan continuamente, ni durante la noche, ni se fatigan con perpetua molestia como las bestias, porque es una infelicidad mayor que la de los esclavos la Vida de los trabajadores que han de estar a su tarea sin descanso, como ocurre en todas partes, menos en Utopía.
Dividen el día y la noche en veinticuatro horas, dedicando seis horas diarias al trabajo, tres
por la mañana, al final de las cuales van a comer. Tienen una siesta de dos horas después de la
comida, y una vez descansados vuelven al trabajo por otras tres horas, que se terminan con la cena. Las veinticuatro horas empiezan a contarse a partir del mediodía. A las ocho se retiran a
dormir durante ocho horas. En los intervalos de comer, cenar y dormir, cada uno emplea su tiempo con lo que mejor cuadra con su libre albedrío; pero no de manera que se disipe en excesos y holgazanerías, sino que libre de su trabajo se ocupe en algún ejercicio honesto de su elección.
La mayor parte de estas horas libres las dedican a los estudios literarios, ya que es costumbre
que haya lecciones públicas antes del amanecer; a las que por obligación solamente asisten
aquellos que están encargados y escogidos para cuidar del estudio. Además de éstos concurren
voluntariamente gente de todo estado, tanto hombres como mujeres, a oír a los disertantes, cada
uno según sus aficiones y según su profesión. Estos tiempos libres, si alguno lo quiere emplear en su profesión, lo que les ocurre a muchos a Tos que su temperamento no les inclina a cosas de estudio, no se les prohibe, antes bien se les alaba por la utilidad que reportan a la República.
Después de la cena tienen una hora de recreo, que en verano transcurren en los jardines, y en
invierno en las grandes salas que se emplean como comedores colectivos, donde se oye música o
se hace tertulia.
Los juegos de dados y otros prohibidos, ni los usan ni los entienden. Lo que usan son dos
clases de juegos parecidos al ajedrez. Uno de ellos es una batalla de tantos a tantos, en el que los
de un bando despojan y saquean a los del otro; el otro juego consiste en una pelea de los vicios contra las virtudes en forma de escuadrones. En este juego se pone de manifiesto discretamente la oposición a los vicios y la concordia con las virtudes, así como qué vicios se oponen a las virtudes y les hacen guerra, y con qué pertrechos acometen a la parte contraria; y asimismo con qué armas defensivas las virtudes quebrantan y desbaratan a las fuerzas de los vicios, y los ardides con que inutilizan sus acometidas; y finalmente las trazas y mañas con que uno de los jugadores se alza con la victoria.


DURACION DEL TRABAJO

Conviene poner la atención en esto para no llamarse a engaño, pues podía imaginarse que con solamente seis horas de trabajo diario no podrán producirse los bienes cuyo uso es indispensable, lo cual está muy lejos de suceder, porque con este tiempo, no solamente basta sino que sobra para obtener en abundancia las cosas necesarias para la vida y aun las superfluas.
En los países en que casi todas las mujeres (que son la mitad del pueblo) trabajan y los hombres se dan al reposo, además del gran número de sacerdotes y religiosos que no producen nada con sus manos, ni los señores ricos y herederos (a los que el vulgo llama nobles y caballeros), incluyéndose en esta cuenta a toda la caterva de los que sirven a estos últimos de espadachines y truhanes, y a los mendigos que teniendo salud fingen enfermedad por holgazanería, hallaréis que son muchos, los que no producen nada; y entre los que trabajan hay una gran parte que no se ocupan en cosas necesarias, ya que donde todo se consigue con dinero es forzoso que haya muchas artes totalmente vanas, que sólo sirven al antojo y al exceso.

Si los pocos que trabajan se aplicaran todos en los menesteres necesarios a la vida humana, sin duda que bajarían los precios de las cosas, de manera que la vida resultaría mucho más fácil. Y si se juntaran a éstos todos los que viven en el ocio y en la holganza, y se ocuparan en trabajos provechosos para todos (contando con que los artífices de las manufacturas de lujo y los holgazanes consumen cada uno tanto como dos oficiales de trabajos útiles y necesarios) aquellas seis horas diarias bastarían y sobrarían para estar abastecidos abundantemente de todas las cosas necesarias para la vida y su comodidad" incluso para los, deleites verdaderos y naturales.
La experiencia nos da verdadero testimonio de ello en Utopía, donde en cada Ciudad y las aldeas de sus contornos apenas si se permite holgar (entre hombres y mujeres) con a quinientas personas fuerza y edad aptas para el trabajo. Entre éstos, los Sifograntes, que si bien las leyes les declaran exentos, no se excusan de trabajar, para estimular con su ejemplo a los demás.
Del mismo privilegio gozan los estudiantes, a quienes por acuerdo de los Sacerdotes y de los Magistrados el pueblo les concede por votos secretos, que solamente se ocupan en sus estudios; y si alguno no corresponde a las esperanzas que en él se pusieron, se le saca de los estudio, y se le dedica a trabajos manuales. Y por el contrario, sucede muchas veces que, un trabajador manual que aprovechó sus horas libres para el estudio, le sacan de su trabajo para que se aplique solamente a estudiar.
De los estudiosos proceden los Embajadores, los Eclesiásticos, los Magistrados Traniboros, y el mismo Príncipe, al que en la antigua lengua llamaban Barzanes, y en la moderna Ademo.
La demás muchedumbre que siempre trabaja y está ocupada en labores útiles, cuesta poco comprender cuánto llegarán a producir en pocas horas.
Además de estas cosas que he referido, hay que añadir que en los trabajos usuales necesitan menos esfuerzo que en otros países. Fijémonos, por ejemplo, en la obra de construcción o de reparación de edificios. En otros países es necesario que haya muchos dedicados a la reparación, porque lo que los padres construyen con gran trabajo, los herederos pródigos lo descuidan de manera que poco a poco se arruinan, así que lo que pudo repararse a poca costa, el sucesor tiene que edificarlo casi de nuevo. En Utopía las cosas no ocurren así, porque estando todas las cosas y las Ciudades compuestas y ordenadas de una vez, raramente acontece que se elija nuevo sitio para fundar edificios, y no sólo acuden con brevedad a reparar lo que se deteriora, sino que lo previenen con tiempo, antes de que amenace ruina. Por esto sucede que los edificios duran mucho tiempo, y que los Maestros de Obras tengan poco en qué ocuparse, si no es en tener preparados maderos y sillares para que cuando la necesidad lo pida, puedan acudir con mas diligencia a las reparaciones.
después de este perdón vuelve a reincidir en adulterio, es condenado a la pena capital.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

DOSSIER FOTOGRÁFICO - BENOIT PAILLÉ



El nombre del fotógrafo es Benot Paille, canadiense el muchacho, oriundo de Montreal. Es estudiante y ya es un animal en esta disciplina.






miércoles, 21 de diciembre de 2011

OLIVERIO GIRONDO - POEMAS

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.

Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.

Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.

Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.

Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.



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Con frecuencia voy a visitar a un pariente que vive en los alrededores. Al pasar por alguna de las estaciones —¡no falla ni por casualidad!— el tren salta sobre el andén, arrasa los equipajes, derrumba la boletería, el comedor. Los vagones se trepan los unos sobre los otros. El furgón se acopla con la locomotora. No hay más que piernas y brazos por todas partes: bajo los asientos, entre los durmientes de la vía, sobre las redes donde se colocan las valijas.

De mi compartimento sólo queda un pedazo de puerta. Echo a un lado los cadáveres que me rodean. Rectifico la latitud de mi corbata, y salgo, lo más campante, sin una arruga en el pantalón o en la sonrisa.

Aunque preveo lo que sucederá, otras veces me embarco, con la esperanza de que mis presentimientos resulten inexactos.

Los pasajeros son los mismos de siempre. Está el marido adúltero, con su sonrisa de padrillo. Está la señorita cuyos atractivos se cotizan en proporción directa al alejamiento de la costa. Está la señora foca, la señora tonina; el fabricante de artículos de goma, que apoyado sobre la borda contempla la inmensidad del mar y lo único que se le ocurre es escupirlo.

Al tercer día de navegar se oye —¡en plena noche!— un estruendo metálico, intestinal.

¡Mujeres semidesnudas! ¡Hombres en camiseta! ¡Llantos! ¡Plegarias! ¡Gritos!...

Mientras los pasajeros se estrangulan al asaltar los botes de salvamento, yo aprovecho un bandazo para zambullirme desde la cubierta, y ya en el mar, contemplo —con impasibilidad de corcho— el espectáculo.

¡Horror! El buque cabecea, tiembla, hunde la proa y se sumerge.

¿Tendré que convencerme una vez más que soy el único sobreviviente?

Con la intención de comprobarlo, inspecciono el sitio del naufragio. Aquí un salvavidas, una silla de mimbre... Allá un cardumen de tiburones, un cadáver flotante...

Calculo el rumbo, la distancia, y después de batir todos los récores del mundo, entro, el octavo día, en el puerto de desembarque.

Mis amigos, la gente que me conoce, las personas que saben de cuántas catástrofes me he librado, supusieron, en el primer momento, que era una simple casualidad, pero al comprobar que la casualidad se repetía demasiado, terminaron por considerarla una costumbre, sin darse cuenta que se trata de una verdadera predestinación.

Así como hay hombres cuya sola presencia resulta de una eficacia abortiva indiscutible, la mía provoca accidentes a cada paso, ayuda al azar y rompe el equilibrio inestable de que depende la existencia.

¡Con qué angustia, con qué ansiedad comprobé, durante los primeros tiempos, esta propensión al cataclismo!... ¡La vida se complica cuando se hallan escombros a cada paso! ¡Pero es tal la fuerza de la costumbre!... Insensiblemente uno se habitúa a vivir entre cadáveres desmenuzados y entre vidrios rotos, hasta que se descubre el encanto de las inundaciones, de los derrumbamientos, y se ve que la vida solo adquiere color en medio de la desolación y del desastre.

¡Saber que basta nuestra presencia para que las cariátides se cansen de sostener los edificios públicos y fallezcan —entre sus capiteles, entre sus expedientes— centenares de prestamistas, que se alimentaban de empleados... ¡públicos!... y de garbanzos!

¡Saborear —como si fuese mazamorra— los temblores que provoca nuestra mirada; esos terremotos en los que las bañaderas se arrojan desde el octavo piso, mientras perecen enjauladas en los ascensores, docenas de vendedoras rubias, y que sin embargo se llamaban Esther!

¿Verdad que ante la magnificencia de tales espectáculos, pierden todo atractivo hasta los paisajes de montañas, mucho mejor formadas que las nalgas de la Venus de Milo?

El exotismo de las mariposas o de los mastodontes, los ritos de la masonería o de la masticación —al menos en lo que a mí se refieren— no consiguen interesarme. Necesito esqueletos pulverizados, decapitaciones ferroviarias, descuartizamientos inidentificables, y es tan grande mi amor por lo espectacular, que el día en que no provoco ningún cortocircuito, sufro una verdadera desilusión.

En estas condiciones, mi compañía resultará lo intranquilizadora que se quiera.

¿Tengo yo alguna culpa en preferir las quemaduras a las colegialas de tercer grado?

Aunque la mayoría de los hombres se satisfaga con rumiar el sueño y la vigilia con una impasibilidad de cornudo, quien haya pernoctado entre cadáveres vagabundos comprenderá que el resto me parezca melaza, nada más que melaza.

Yo soy —¡qué le vamos a hacer!—un hombre catastrófico, y así como no puedo dormir antes que se derrumben, sobre mi cama, los bienes, y los cuerpos de los que habitan en los pisos de arriba, no logro interesarme por ninguna mujer, si no me consta, que al estrecharla entre mis brazos, ha de declararse un incendio en el que perezca carbonizada... ¡la pobrecita!




viernes, 16 de diciembre de 2011

LA MISA DEL PESO






Para pedir un peso, ese que suele perderse bajo la alcantarilla, el tipo bajó la guardia y de rodillas, se acordó del tango que silbaba su viejo en plena ducha.

Una vez que logró el objetivo, ya no tan solo, fue hasta el mostrador de autoestimas y compró una ilusión por la que abonó 80 centavos. Mientras aguardaba el vuelto el técnico le dijo que precalentara.

“Pibe, te toca a vos. Hiciste méritos y ahora tenés la oportunidad para demostrar todo lo que sabés. Escuchame bien, metete por el medio y distribuí el juego hacia los costados...ah, acordate que perdido por perdido prefiero morir en una siesta antes que verle la cara a los hinchas si llegamos a perder.”

Puso los 20 centavos entre la pierna derecha y la media. El estadio comenzó a silenciarse. Pudo oír una voz ronca que recordaba a su madre, otra medio chillona que arengaba! Huevo... Huevo... ¡ y la risa burlona del alcanzapelotas!.

Hizo la cruz, miró el cielo mientras el botín derecho pisaba el césped.

Aplausos finos ( tibios hasta el fin ) bajaron desde las tribunas.

La primera pelota que tocó fue a los pies del goleador adversario quien corrió unos metros solo, amagó el centro y sacó un remate bajo, junto al palo del arquero que nada logró hacer.

Perdiste uno a cero y te quedan 20 centavos.

Ahora rezás por la suerte del resto. Dios es un enjambre de oportunidades a quién pertenecés por descuido. No existe ilusión tan barata; sin embargo (pensaste) vale la pena volver a intentarlo.

El tipo compró dos flautitas en la panadería de Don Sergio. Volvió al pasillo donde vivía y muy agotado se tapó con los diarios. Un sueño profundo lo envolvió en aquella madrugada. Soñó que le hacía un gol a la parca y que ésta pedía desesperada el fuera de juego.

Alguien de azul empujó al tipo.”Che, ciruja...a ver si te mandás a mudar de acá...vamo vamo..”

Ese pan viaja a través de sus intestinos como único heredero.

lunes, 12 de diciembre de 2011

DALÍ, El Dibujo. Por Bárbara Beraldi



Dibujo realizado por Bárbara Beraldi. Ella es dibujante y estudiante de Diseño Gráfico. Este trabajo está realizado con grafito. Una verdadera genia.

viernes, 9 de diciembre de 2011

CARTA A LOS HUMANOS - Por Lucas Martín Donadio




¿Alguna vez miraron hacia el infinito?



¿Viajaron en la extensa oscuridad del cosmos sin hallar una respuesta?



¿Por qué existimos?



Vivimos en un mundo donde la única motivación es la búsqueda de poder, de querer ser más que otro.

A lo largo de los años fuimos sometidos a líderes de todo tipo, demostrando ser una raza débil, con la necesidad constante de refugiarse, ampararse y entregarse a un ser “superior”.



Escuchen el canto natural…



Miren el sol, absorban su energía

Sientan el barro escurriéndose entre los dedos del pié

Perciban la frescura del viento rozando su piel

Descubran su hogar.



Adentren en el sendero sin nombre

Caminen con amor cada paso que dan

Revelen todo misterio detrás del disfraz

Sean su hogar.

martes, 29 de noviembre de 2011

ENTRE SUS MANOS





Se despereza. Abre los brazos, respira profundo y continúa. Los únicos músculos que aparentan estar en un estado constante de movimiento son sus globos oculares.
Toma aire nuevamente.
No hay dudas, está vivo.
Su mirada, como una progresión minimalista, se traslada bidimensionalmente de sur a norte. Claro que esto ocurre solamente porque nos encontramos en un determinado lugar del mundo, ubicados de alguna manera en tiempo y espacio y bajo normas particulares, que impiden que la acción transcurra de otra forma. Si nos trasladásemos a otro lugar del mundo, a otra cultura; tal vez, y sólo tal vez, las acciones móviles que ejecuta este individuo cambiarían radicalmente.
Otro movimiento. Inesperadamente, levanta uno de sus brazos. Las acciones a seguir, si bien no son infinitas, ocupan un amplio espectro de posibilidades. ¿Cuánto puede significar la elevación de un brazo? Saludos, llamados de auxilio, someros pedidos de permiso. También pueden ser considerados como una causa que llevará, irremediablemente, a conseguir un efecto deseado (o no) Se puede levantar el brazo como signo de afecto y también es una forma imperante de ejercer temor hacia otro ser viviente. Las posibilidades, como se puede ver, son amplias y variadas, pero ninguna encaja dentro del marco que estoy describiendo.
Levanta, entonces, su miembro superior. Lo flexiona levemente a la altura de la articulación que divide al brazo del antebrazo (la acción se desarrolla metódicamente, casi como un autómata, la persona nunca se percata de estar realizando este movimiento. Para la vista de cualquier espectador ajeno a la conciencia de este individuo, el movimiento se traduciría como la programación a priori instalada en un software inconsciente) roza suavemente la yema de sus dedos índice y pulgar (quizás también se mezcló en la escena el dedo mayor, pero mi lugar en el recinto impide una observación optima del perfil derecho del mencionado personaje) seguramente, pienso, es en busca de esa humedad, carente hasta el momento, que le permitirá llevar a cabo su cometido.
En el destino de sus dígitos no intervendrá su corporalidad. El periplo, que conlleva la distancia, infinitamente proporcional a los deseos subjetivos de cada persona, consta aproximadamente de diez centímetros. Diez centímetros, que se repetirán hasta alcanzar una distancia que no acabará con el fin de la actividad que se desarrolla. Continuará, seguramente, en otro lugar, a otra hora y con otro fin. Diez centímetros que los seres humanos han repetido a lo largo de los siglos, y que, seguramente, seguirán repitiendo hasta el fin de los tiempos (si cabe la posibilidad).
Una distancia y un movimiento que no se logran cognitivamente (sí, tal vez la actividad) Los movimientos son instintivos, biológicos, universales. Son sistemáticamente los mismos en todos y cada uno de los hombres que alcanzaron (o tuvieron la gracia) las posibilidades que su medio les brindó. De esta forma emergen de la conciencia común, de un pasado compartido, las singularidades que, ahora, veo frente a mí.
Apoya el dedo sobre el vértice del objeto. En ese momento, él y el objeto parecen fundirse en un solo universo, ajenos a cualquier circunstancia. Existe a la vez, una extrañeza cualitativa que les impedirá, eternamente, estar unidos. Ambos saben que tarde o temprano todo acabará. La disección temporal logrará que la conjunción desaparezca, haciendo volver a cada uno al mundo que pertenece.
El dedo índice raspa suavemente la parte inferior del vértice, transformando lo múltiple en individual, haciendo que el futuro se vuelva presente; barajando la posibilidad infinita del volver al pasado todas las veces que se deseé. Se hace realidad el sueño humano de viajar en el tiempo, en busca de la sabiduría que no logra hallar en el presente, tan ínfimo, tan inmediato, tan inconsistente.
El futuro llega, y como siempre, es incierto. La persona se trasladará en él convirtiéndolo en “ahora”. Buceará en la incertidumbre de lo desconocido, mientras hace luz de la más absoluta oscuridad. Se sentirá inundado por la niebla, mientras las verdades y certidumbres apareces de repente, sorpresivamente. ¿No ocurre lo mismo con vivir? ¿O podemos proyectarnos más allá de nuestros límites? El amor, el desencuentro, el engaño, la mentira… la muerte. ¿No aparecen de golpe, como obstáculos en la noche?
Una vez cometido el fin, que lo llevó a consumar el hecho descrito, la persona vuelve a la postura original, simétricamente perfecta, en la cual lo encontré en un principio. 
Exteriormente es inmutable, su analogía más inmediata sería la comparación con una estatua de cera. Pero… ¿Qué pasa en su interior?
Sus sentimientos se amotinan y ya no es dueño de sus pensamientos. Las influencias, las ideologías, las subjetividades; se multiplican peligrosamente. Esto hará que se torne cada vez más difícil encontrar rasgos de felicidad. Logrará enfrentarlo al mundo y que el mundo se enfrente a él en todas y cada una de sus decisiones y elecciones. Esa postura agónica, por momentos, inflexiblemente rutinaria y dolorosa morderá su  conciencia ética y moral, y hará que segundo a segundo deje de ser quien era.
Igualmente esto no tiene importancia, no la tuvo para otros y tampoco la tendrá para él. La persona, al igual que nosotros mismos, vivirá en carne propia estos procesos, siempre que decida mantener un libro entre sus manos.  


Autor: Nicolai Kudrasov

PAC MAN



Hoy estuve jugando al popular PAC- MAN, genera adicción comenzar, al menos necesitas terminar y empezar de nuevo incontables veces.
Todos conocen el juego, en donde te representa un personaje en forma de horma de queso a la que quitaron una porción y te persiguen unos fantasmitas, en un momento se revierte el juego y te convertís en el acosador de fantasmas, es básico no tiene mucho mas que eso.
Cuando termine de jugar, reflexionaba en que se habrá inspirado el autor de este juego, en la vida pensé rápidamente, supongo que soy el PAC-MAN, por lo tanto mi objetivo es que no me atrapen los fantasmas. Ahora bien que significado tienen los fantasmas, la muerte?, aunque se trate de un juego de ficción, es imposible huir de la magnitud de tal cosa, es mas te otorga tres posibilidades por nivel, en algún momento se acaban y te alcanzo la tan temida muerte, por lo tanto no se discute, como dice la canción “…todo concluye al fin…”
Realice una categorización del significado de estos simples personajes, podrían tratarse de enfermedades, uno siempre intenta encontrarse en lo posible sano, evitar entrar en ese mal estado.
Otro podría tratarse de la soledad, ninguna persona disfruta el placer de la falta de compañía, buscamos fervorosamente la forma de no estar solos. Aunque en momentos necesitamos de este estado, no lo deseamos permanentemente.
El otro personaje imagine que es el poder, siempre escapamos de los que tienen cierto grado de autoridad sobre nosotros, padres, amigos, jefes, todo lo signifique limitación intentamos sortearla, el resto representan la pobreza, la desesperanza y todos los obstáculos de esta vida.
En mi reflexión sobre la supuesta inspiración del autor, encontré una situación importante, mientras escapo de la soledad, la enfermedad y demás voy comiendo unas burbujas, ¿Qué representan estas burbujas? Pienso en un solo elemento el que todos por costumbre social y esperanza de éxito perseguimos, el dinero. Cuanto más dinero comemos, obtenemos mas poder, hasta que llegamos a la burbuja grande, que satisface nuestra ambición y los poderosos de los cuales escapamos ahora por un momento huyen de nosotros porque los podemos comer.
Absorbí todas las burbujas y me gane una vida mas, esta acción otorga la apariencia que el dinero y el poder pueden detener lo inevitable, el paso del tiempo, avanzamos de nivel, es decir tenemos un ascenso y comienza de nuevo la competencia, a buscar dinero, a escaparnos de los fantasmas que nos acosan, hasta que nuevamente obtenemos por un momento el poder absoluto y huyen de nosotros.
Sentimientos encontrados en este simple juego, dinero, salvarse, poder. Pero cuando logramos revertir la situación, hay un fantasma del cual escapamos y nos alcanza, tenemos el poder, pero todos huyen, estamos solos sin ser concientes de tal situación. El fantasma de la soledad nos atrapo sin perseguirnos.
Termino por concluir que el autor de este juego, tenia o tiene porque no se de quien se trata una visión panorámica de la vida, en pocas palabras sabe que en la vida el objetivo es el éxito, dinero, poder, salud. Sin perder la cabeza, síntoma común en la toma de poder, debemos ser nobles con nuestros ideales y principios, ante la falta de estos dos aspectos seguramente la soledad volverá a ganar.

EL DOLOR Y LA VIDA



Siento gritos, me asusto, todo esta oscuro, corridas, movimientos, me empiezo a mover de a poco. No se que me pasa, ya no aguanto mas este encierro.
Ya escuche muchas cosas, promesas, risas, llantos, quiero verlos, quiero conocerlos.
En unos instantes, el silencio nuevamente invade mi hábitat, todo se tranquiliza, todo menos yo, siento que estoy al revés.
Oigo puertas que se abren, una mujer llora, un hombre grita, una sirena que aúlla, estoy completamente desorientada, tengo cada vez más miedo, siento que algo se abre y veo a lo lejos una luz.
Un hombre grita… vamos que ya llega, ya viene, ya esta acá.
No se si fue dolor o el pánico o el golpe que recibí pero comencé a llorar y todos lloraron conmigo.

Autor: Edgardo Ieraci

lunes, 14 de noviembre de 2011

EL BARCO por Walter Gómez



Como un barco que se resquebraja en pleno viaje,
vas dejando la imagen de una luz que dejó de iluminar.
Aquél barco cargó con la ilusión de un destino,
de alguna manera diáfano,
pero especial por ser tal.
En ese viaje, tu imagen ya es tenue
y se disemina en el horizonte
como dos murciélagos que no encuentran su par
por la prematura salida del sol.
Retrocediste y quedaste contra la pared.
El viaje, siempre sobre aguas tormentosas,
fluía al compás de tu alma.
Tan sensible parecía,
que la bruma no te permitió la mentira.
Sos el barco del silencio.
No le avisas a tus pasajeros que se hundirán
y simulás seguir la fiesta.
Preso de la soledad, el barco nunca fue tal.
Hay un puñado de almas que se subieron
a lo que no existió jamás.
Ese barco es un elefante que murió en paz.

SALA DE AUTOPSIAS por RAYMOND CARVER

Sala de autopsias por Raymond Carver




En esos tiempos yo era joven y la fuerza
de diez hombres habitaba mi cuerpo,
para lo que mandaran.
Trabajaba en el hospital en el turno noche
y una de mis responsabilidades
cuando el forense terminaba sus tareas
era la de limpiar la sala de autopsias.
Ellos no tenían horario, algunas veces
terminaban temprano, otras demasiado tarde.
Y para que el personal de limpieza no se aburriera
dejaban objetos olvidados en la mesa de trabajo.
Un pequeño bebé quieto como una piedra
y más frío que la nieve. Un negro corpulento de pelo blanco
con el pecho partido al medio y los órganos vitales
flotando en una bandeja a un costado de su cabeza.
Yo siempre estaba solo, ahí. La manguera derramaba agua.
Las luces colgadas del techo encandilaban.
Una vez dejaron sobre la mesa una pierna,
una pierna de mujer de formas perfectas
y excesiva palidez.
Yo sabía para qué era la pierna,
en ocasiones los había observado.
A pesar de eso me quedé sin respiración.
De madrugada en casa mi mujer
me decía “Dulce, todo va a salir bien. Podemos hacer cambios,
vivir de otra manera”. Pero no es tan fácil.
Ella agarraba mi mano entre las suyas, con fuerza,
yo me reclinaba en el sillón y cerraba los ojos.
Yo pensaba en… cualquier cosa. No sabía en qué.
Yo dejaba que ella llevara mi mano a sus tetas.
Yo abría los ojos y miraba el cielorraso o el piso,
qué importa…
Mis dedos se arrastraban hacia su pierna, tibia y bien formada,
que ante la más suave caricia temblaba y se levantaba delicadamente.
Mi mente estaba confundida y cómo decirlo ¿sacudida?
No pasaba nada. Todo estaba pasando.
La vida era una piedra
que lentamente se iba gastando
y afilando.


Fotografía Chadwick Tyler