viernes, 4 de marzo de 2011

DOS HORAS ANTES DEL ALBA Por Julio Sosa

          


SALDO

No lo puedo creer, eres la que lloras
eres tú la que ruegas de ese modo angustiada mi confianza de no, mi ternura de otrora
qué pálida te has puesto por tan poco, por nada... Vístete, no te quedes contemplándome muda temblorosa y doliente con mirada tan triste
he aprendido a dudar frente a tu alma desnuda y abierta como un libro, la tarde que te fuiste. Cuando mostraste fría sin asomo de pena como un regalo negro tu abandono cobarde
me contagiaste amarga esta fuerza serena,
como un virus terrible este mal incurable.
Hoy has vuelto pensando que mi amor sería eterno eterna mi confianza y también mis deseos...
Sólo hallaste lo último, lo anterior ya se ha muerto como mueren los jaros sin nido en el invierno. Me reprochas que te haya acariciado de nuevo
y qué quieres, si sigues siendo siempre tan guapa y yo joven y fuerte, y además no estoy ciego como la tarde aciaga que lloré por tu alma
y dejé como un necio que tu cuerpo escapara...
El recuerdo de entonces ha quedado flotando en el hondo vacío de mi ser que te amaba ponte pronto la blusa, que a pesar de tu llanto el vacío que hoy dejas, sólo será en mi cama...
Basta ya de llorar, que me cansan tus lágrimas. Péinate en el camino, aquel peine es el tuyo
y tuyo este pañuelo, también aquellas cartas tus palabras de amor, tu voz, maldito arrullo que atesoró mi oído y mi burlada confianza. Vete pronto que el día anuncia su llegada
no quiero que te vea mi madre cuando salgas
y toma este dinero que paga tus caricias así estamos a mano, ya no te debo nada... Te vas sin saludar porque te hago justicia.
Sí que eres orgullosa, y hasta mal educada...

                    Julio Sosa

No me pidas amor



Si te quiero, preguntas... No me pidas amor,
ni busques en mis ojos la respuesta. Mi corazón de ayer ya no despierta dormido para siempre en su ostracismo... Y en la caverna estéril de mi pecho
no puede amar a nadie. Ni a mismo...

No me pidas amor. Esa es la puerta. Aléjate de mí. Lleva tus besos
y el calor de tu piel, miel y azucena, a quien pueda ofrecerte
no una pena
sino un alma vibrante de deseo.

Un corazón que lata con el tuyo, una boca que viva de tu aliento, unas manos de carne,
no de yeso...
No pidas un amor que ya he perdido al pisar los umbrales de mi hombría. Sólo puedo ofrecerte
de la noche más triste su neblina.

Y mereces luz. Tú necesitas
lo que quise salvar y no he podido.
Una fe siempre joven sin heridas...


Qué más puedo ofrecerte que esta alcoba con huellas de otro amor
que que a oscuras
y así mezclar bestial, cobardemente, tu inútil esperanza y mi locura...

Vete pronto de mí. Borra este día
y el sabor de los besos mentirosos que puse entre tus labios anhelantes en el instante gris que fuiste mía.

No me pidas amor. Cierra los ojos
e imagíname muerto o muy lejano. Viviendo solamente de un recuerdo
que ayer me hizo feliz, y hoy me hace daño...

Muchacha, vete ya. Ponte el tapado.
La tarde es muy fría
y el sol se ha desmayado en el ocaso. Camina lentamente calle abajo
y encontrarás tal vez en una esquina
la luz de otro querer bueno y honrado.

No me pidas amor. Nada ha quedado
de la sonrisa fácil que he perdido
del venturoso ayer que me han robado... No me pidas amor.
Pídeme olvido...

               Julio Sosa

 

3 comentarios:

  1. El primer poema es algo flojo tanto en su concepción como en su ejecución...y con un final gratuito y sin otro motivo que la herida vengativa e inútil....El segundo está bien ejecutado, medido y graduado, con un remate adecuado a la temperatura lírica desarrollada.

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    1. Me parece que en ambos poemas se pueden contemplar el buen lápiz de Sosa además de la excelente voz que fue. creo que lo que resalta por sobre todo es la mirada surrealista que además le pone al contenido, sin despegar de la superficie. Un abrazo Yamandú y dejanos tu contacto así te enviamos las actualizaciones de materia

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  2. Palabras del autor

    Amigo lector:

    Poder escribir ha sido siempre una válvula que alivió la tensión de volcánicos estados anímicos o mortales depresiones morales.

    Cuando mi alma a punto de asfixiarse o mi corazón a punto de estallar bajo el mandato de la alegría o el lapidario peso del dolor (más por éste que por aquellos), necesitó de la sangría que la aliviara, mi pluma obró el milagro de devolverme la paz, me enseñó a enfrentar la vida con más valor y a mirar a mis semejantes con ojos más buenos.

    DOS HORAS ANTES DEL ALBA no na nacido para desafiar la crítica, constructiva o no... No pretende reunir en sus páginas modesto o desmesurado valor literario, pues tampoco puedo afirmar si está bien o mal escrito; pero puedo jurar, en cambio, que es un libro sincero.

    DOS HORAS ANTES DEL ALBA es sólo un puñado de gritos rebeldes o resignados que saltaron de mi garganta a mis manos, para quedar en las tuyas y en favor de tu buena voluntad...

    Acéptalo, pues, con la natural amistad con que te lo ofrezco, y si sus páginas logran el milagro de cautivar tu atención, mi libro y yo nos sentiremos generosamente recompensados.

    JULIO SOSA

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