Mostrando entradas con la etiqueta Luis Duarte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis Duarte. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de diciembre de 2012

EL OFICIO DE ESCRITOR




Escribir por placer, en la agonía, por gusto,  frente al reflejo de un verbo.
Escribir por terror a reconocerse o a tocarse entre la penumbra.
Escribir esas frases que te emparcharon el alma.
Escribir acontecido, tenue, entre paréntesis, bajo un árbol de raíces finas.
Escribir molesto, caliente, defraudado e indolente, escribir una y otra vez el verbo ése del que jamás escaparás mientras te persiga.
Pasar noches escribiendo, cubierto de olor a polvo, a cigarrillo, a humedad, a mandarina, entrelazados todos como testigos de la locura y el engaño.
Escribir crucificado, anotar una idea madre, darle hijos escribiendo, formar la Gran Familia de las Palabras.
Escribir de corrido, sobre papel higiénico, enamorado, baldeando, escribir manco, solo, abandonado, taciturno, riendo, congelado, escribir hasta que las alas dejen de bañarte, hasta que los hilos reconozcan la extraña paternidad que los mantiene, escribir bajo la piel de un renacuajo, sobre tus rodillas, entre tu sexo-paredón.
Saltar la escritura con elegancia escrita, manifestarse a favor de todos aquellos que han elegido escribir sin analizarse.
Escribir hasta llagarse o hasta parir algún recuerdo, hasta escalar un pensamiento que te acaricie o te perdone por haberlo escrito.
Escribir en muletas, internado, feliz, acongojado, mustio, inerte, doblegado.
Escribirle a las palabras que nadie pronuncia por miedo a ser etiquetado, a las danzas de la entrega, a los inválidos cuyo teatro concierne mi existencia, a los vivos y a los muertos que gozan de mi recuerdo. 
Escribir para salirse de cauce, para matar una ilusión, escribir sin sacar del rebaño a aquellas letras que pronosticaron tu caída, escribir ante todo, bajo nada, sin sentido, paciente, enfermo. 
Escribirle un poema al pánico, a la soledad, a las cárceles internas e intestinas, escribir parejo, solo, podrido, salvado, redimido.
Escribir en el cine, en un velorio, en dos zanjas, en tres idiomas, en cuatro patas.
Escribir hasta sangrarlo, bajo la sombra, enterrado.
Escribirle a tu egoísmo y a mi candorosa ingenuidad.
Escribir sin límites, hasta recobrar el pulso de lo escrito…
Escribirlo todo y luego morir sin haber publicado.

jueves, 28 de junio de 2012

LA DUDA Por LUIS DUARTE




La razón por la cual se cacarea en tiempos de SIDA,
tiene que ver con la necesidad de mostrar nuestros aciertos,
sin la ventaja de poseerlos del todo.

Compañero amigo, la causa nos reúne otra vez.
Parecernos será lo mas atractivo
y lo menos convincente.
Pero si a todo esto le sumamos
la inconfundible letra O,
habremos pasado a formar parte del bien.

La duda no tiene límites,
por lo tanto nos justifica.

viernes, 16 de diciembre de 2011

LA MISA DEL PESO






Para pedir un peso, ese que suele perderse bajo la alcantarilla, el tipo bajó la guardia y de rodillas, se acordó del tango que silbaba su viejo en plena ducha.

Una vez que logró el objetivo, ya no tan solo, fue hasta el mostrador de autoestimas y compró una ilusión por la que abonó 80 centavos. Mientras aguardaba el vuelto el técnico le dijo que precalentara.

“Pibe, te toca a vos. Hiciste méritos y ahora tenés la oportunidad para demostrar todo lo que sabés. Escuchame bien, metete por el medio y distribuí el juego hacia los costados...ah, acordate que perdido por perdido prefiero morir en una siesta antes que verle la cara a los hinchas si llegamos a perder.”

Puso los 20 centavos entre la pierna derecha y la media. El estadio comenzó a silenciarse. Pudo oír una voz ronca que recordaba a su madre, otra medio chillona que arengaba! Huevo... Huevo... ¡ y la risa burlona del alcanzapelotas!.

Hizo la cruz, miró el cielo mientras el botín derecho pisaba el césped.

Aplausos finos ( tibios hasta el fin ) bajaron desde las tribunas.

La primera pelota que tocó fue a los pies del goleador adversario quien corrió unos metros solo, amagó el centro y sacó un remate bajo, junto al palo del arquero que nada logró hacer.

Perdiste uno a cero y te quedan 20 centavos.

Ahora rezás por la suerte del resto. Dios es un enjambre de oportunidades a quién pertenecés por descuido. No existe ilusión tan barata; sin embargo (pensaste) vale la pena volver a intentarlo.

El tipo compró dos flautitas en la panadería de Don Sergio. Volvió al pasillo donde vivía y muy agotado se tapó con los diarios. Un sueño profundo lo envolvió en aquella madrugada. Soñó que le hacía un gol a la parca y que ésta pedía desesperada el fuera de juego.

Alguien de azul empujó al tipo.”Che, ciruja...a ver si te mandás a mudar de acá...vamo vamo..”

Ese pan viaja a través de sus intestinos como único heredero.

jueves, 14 de octubre de 2010

DOS VIEJOS

Con un marcado sentido de la gloria a cuestas, se calzó el único punto que le faltaba zurcir.
Está por llegar a la meta incorrecta mientras pedalea. Hay dos viejos detrás que quieren darle alcance. Los observa. Ya son tres los puntos que no se sacan ventaja alguna. Se extrañan, se entienden bien y se necesitan más.
Competir, a esta altura, es no auto flagelarse.
Cuando está por llegar al primer cerro, disimula euforia o contagio de circos. La disfraza con movimientos pendulares donde su cuello hace las veces de banderín perdido.
Cayó en la cuenta que lo mató la llanura de la chatura. Lo supo desde el día en que la besó sin miedos. Ahora busca despegarse de los viejos. La meta se aleja presurosa de recuerdos. Uno de los viejos le tira una trompada. Cae sin consecuencias y el ruido hace que se espanten quienes querían alcanzar a los viejos. El otro levanta del piso el rostro de su amigo.
Es en ese momento cuando se unen las puntas. Mira al cielo. Desde las más encumbradas alturas, un rayo destruye al otro viejo. Mientras tanto él sigue pedaleando. Jamás puso tanto en juego. Al fin de cuentas el punto de partida siempre puede ser el mismo…y otra vez solo y con dos viejos detrás…


Luis Duarte
Marzo 2007