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viernes, 14 de noviembre de 2014

SETENTA VECES SIETE Por NICTÉ TOXQUI





<<En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó: Señor, si EL ESTADO me ofende, ¿cuántas veces lo tengo que perdonar?>> Mateo 18, 21-19,1

Podemos empezar siendo honestos / finjimos demencia / nosotros y la soledad en el retrovisor / pintándonos la cara con luz / melcocha de cocina rica / nos observamos en silencio con lástima / unos a otros y otros mientras vomitamos  / nos damos la mano con frágil romanticismo / nuestra elegancia para agarrarnos el cabello /  dulce dolor de la pérdida / la bilis inunda el baño / nuestros dedos se reconstruyen para armar / barquitos de papel bond para subirnos /  entonar canciones tristes / esperamos sucumbir en nuestra náusea / la primera persona del plural se desvanece / hubo un tiempo en que nos enseñaron a leer pentagramas / está de moda incendiar lo que nos lastima / le cantábamos a la madre patria / escribíamos cartas de amor sobre cultivos / qué parte de nuestro cuerpo son las manos / nunca nos perteneció la tierra / la boca se entumece hasta quedarse inútil / están de moda las vendas en los ojos / los labios cortados / la lengua inamovible / hay un revoltijo muy profundo / hay algo en la garganta que da asco / pensamos que nos hemos quedado mudos / cansancio / frente a la indiferencia / nuestro reflejo en el microondas encendido / las cenizas / el peligro de masticar libros / aprender cómo clasificar cadáveres / en qué tiempo en qué lugar / la eliminación es un vicio / miramos hacia atrás / no sabemos si estamos yéndonos o volviendo / las encías se inflaman / el país se entona melodioso / las calles se evaporan / cadencia mal herida / no estamos mudos / deberíamos haber nacido mudos / dicen / gemimos  / no lo estamos / a medias / no lo estamos / no.



Nicté Toxqui es poeta nacida en México, tiene 19 años y es estudiante de Literaratura.

Texto enviado por ella en exclusivo para La Letra.

miércoles, 30 de abril de 2014

NO SENTIR - PROSA DE NICTÉ TOXQUI






No quiero más que la moral en turno y dejarlo todo atrás, decir buenos días cuando sólo digan buenos días y caminar con los ojos bajos y reírme porque hay buenas razones para reírse y no por que pasa una mariposa negra o porque aparece el pájaro negro desfigurado y se cree tordo por ser negro y no por su desfiguración terrible y masiva. Y no quiero pensar por qué el rumbo de la política aunque no sepa nada de política, ni por qué la mujer y sus harapos y por qué el indígena adornando la pared del país. No quiero ya no quiero –no– sino sentarme a contemplar el lago porque es un lago y no las líneas de la hoja que cae insípida a remover la paz, porque las cosas chiquitas remueven la paz donde me siento y donde amo y donde voy y porque una palabra amorosa me derrite enseguida y las puestas de sol me hacen sentir en una de esas novelas que jamás podré escribir por mi cursilería terrible porque ya no quiero ser tan cursi sino fría y creer en lo ordinario y las relaciones ordinarias porque ya no quiero de esta vida si no es el tiempo la neurosis que se extingue entre los conceptos y no anhelo más que la vista sencilla de la ventana a ver quién pasa qué pasa y no ver qué rostro qué mueca qué historia se esconde y saber finalmente que esto solo es una mala broma y no quiero sino ir a los cafés porque sólo se va a los cafés y no porque me guste la claridad del lugar y el humo del cigarro y fumar un cigarro sólo porque se fuma y no por el humo y no por un desahogo emocional estúpido por eso no pido más que la trivialidad en las manos, y ver el amor como un inventario y no sentir, no sentir.

lunes, 14 de abril de 2014

ROTA, FRÁGIL, SIN ABUELO - PROSA DE NICTÉ TOXQUI





Rota, frágil, sin abuelo, sin poemas, con ganas de vivir, con la locura de vivir, con la incomprensión de vivir, con el amor atorado en la garganta, con las lágrimas que son surcos, con las arrugas prematuras, rota frágil, rutinaria, sumisa. Cómo llegué a este punto. Quiero esta vida, quiero esta tierra ausente, quiero el pasto, el frío de las paredes. No quiero pensar por qué frágil rota y sin abuelo y sin poemas y con ganas de vivir llegué a este punto. Es posible la catarsis, no encuentro el éxtasis, el éxtasis en decadencia, la oscuridad finita. Esta es una tumba cálida para no salir jamás, quien querría salir jamás de estas cuatro puertas que te encierran para siempre porque no hay nada más terrible que las ausencias de la misma ausencia, casi desaparecida, rota frágil sin abuelo y sin poemas, enterrada en las sábanas que resultan soledades a distancias y rota y frágil y sin sentido no quiero pensar cómo llegué a este punto ni la incomprensión de vivir. Siempre observo cómo se marchitan las flores y me gusta, me gusta cómo se van muriendo poco a poco como un espectáculo de feria donde cobran menos de veinticinco pesos. Esto no es más que un espectáculo para incrédulos y por eso estoy aquí fría rota frágil, marchitándome entre minutos como las cartas que jamás di. La espera, y el vaivén y la desincronía también enferman pero divierten, no es más que el entremés que nadie quiere porque todos saborean el éxtasis en decadencia, por qué no puedo ser sumisa, por qué intento no ser sumisa si es mi naturaleza, si es mi amor estar entre cocinas que se incendian, por qué estar aquí entre las sonrisas ensayadas y la ropa bonita de muñeca, por qué me visto como no se visten las demás muchachas y los tacones y el glamour y el cutis bonito, por qué no me interesa, porque no le veo caso, porque no encuentro como no ser yo, no quiero ser yo, como ser así si para eso están todas ellas, como llegué a este punto, con el amor atorado en la garganta, atrofiado, con la certeza de dejarlo morir para siempre, para qué se quiere si no es para siempre, para qué se espera en la terminal de autobús si jamás te recibe nadie a tiempo, quizá por rota y frágil y sin abuelo, por desubicada.



¿Será?

jueves, 3 de abril de 2014

HYBRIS por NICTE TOXQUI





El disfraz de la locura

El disfraz de la mañana

El disfraz de los tacones

El disfraz de los mariachis

A las dos de la mañana

El disfraz de los monos

En sus cunas

El disfraz de las hachas

Y los árboles

Y los arbustos

Y las niñas

Que pierden su

virginidad

Y las putas

y las que engañan

Y disfrazan

la locura

Y la mañana y los tacones

Y los mariachis

y los monos

y las hachas acabando

con el todo.  
 

Hybris,
 

He dado

esporádicamente

Mi felicidad

viernes, 26 de julio de 2013

ÍNTIMA Por NICTÉ TOXQUI


Ya no soy la misma.
No fue el tiempo,
fue el verano,
fue la muerte,
Dije, hoy haré lo imposible
pero me senté a ver
la televisión y lloré tres días
seguidos
despedí los días,
despedí un perro.
Escribí una carta de amor
en una servilleta
que terminó en el lavaplatos.
Ya no soy la misma,
lo gritan mis poemas,
hoy no soy,
fui en el ocio,
Me senté en la cama
paralítica para inventarme
amores mercadotécnicos que
no concluyeron si no
en un sueño pesado y letargado.
Me he levantado a las seis de la mañana
fui al baño,
sangraba como sangraré en el dolor
de no ser madre
O negativo,
O negativo entre las sábanas
entre la angustia fúnebre de las agujas
insistentes como el amor
que se cuela entre la piel.
Ya no soy la misma,
como quién ha de ser el reflejo
insistente de las margaritas.
No soy la misma porque
miro la novela de las cuatro
y los intelectuales
satanizan todo
y yo me harto
me harto, harto,
harto
exploto en ríos
donde restriego mi piel
sobre las piedras
como la pantaleta rosa
que se junta con calcetines
y se deslava,
se desmorona.
Ya no soy la misma.
Sí fue el tiempo,
y no mis pies descalzos
tambaleantes ante
un pésame arrullado.
Insisto
en el susurro calmo
de tu boca firme y dura, ahora mía:
Ya no soy las mismas metáforas amarillas
ni creo en el vuelo
de los pájaros.


Ilustración: Romain Pivetal

viernes, 28 de junio de 2013

A ESTAS ALTURAS - Por NICTÉ TOXQUI



 
En otras noches estaríamos pendientes el uno del otro con la misma conversación trillada pero con la conformidad de intercambiar palabras que no dicen nada pero hablan de amor.

La puntada maestra estaba en la moral disfrazada, o en que mis padres tuvieron que ser uno suegros verbales, “espléndidos”. (Qué terror).  Y que quizá tuve que haberte sido infiel para que me quisieras más algún otro día (Qué absurdo).

En otras noches, te repito, estaríamos sufriendo ligeramente porque la distancia es la eterna guerra y tu indiferencia de siempre, sabe a miel.

Estaría esperando un saludo cualquiera que tuviera una esencia de versos robados. O de tus ojos. Da lo mismo. Me enseñaron a sustituir el concepto de necesitarte por un te prefiero. Y te he preferido hace bastante tiempo cuando brinqué del sillón a la mesa diciéndome que estaba enamorada desde que Dios despertó moviendo sus manos mágicas para crear los fines de semana y los días festivos.

En una vida paralela el miedo no existe, el amor tampoco, pero nosotros sí junto con nuestra descasualidad y sentimientos tardíos. En esa vida que no llegó,  nos separamos al día siguiente de besarnos declarando inocentemente que no queríamos otra versión de nosotros más que esta que nos tocó vivir. En estos días somos otro cuento echado a perder.

Tres puntos suspensivos.

A estas alturas, tendríamos que estar bailando en la lluvia.

Ya no me quieres, ya no te quiero. El silencio. Ese también es otro tipo de común acuerdo.

domingo, 14 de abril de 2013

OLVIDO Nº 18 Por NICTÉ TOXQUI


 
Me estoy empeñando en recordar olvidarme de todos esos días desperdiciados pensando qué ha sido de la vida y que se ha hecho con ella una que otra vez.

Mis conclusiones se resumen en un truco de magia barato, perfume corriente, un aire de flor marchita que aún sigue en el florero adornando algún rincón de la casa.

Recuerdo olvidarme de todos aquellos sentimientos inservibles que solo fueron puente para opacar tristezas y sonrisas de llanto. Me propongo a escribir todo lo que no siento y no sentí, porque las letras son el mejor antifaz… jamás había sido tan fácil engañar al amor.

Viví en el papel por miedo a los escalofríos que conlleva una emoción desmesurada o una calma infinita en el vaivén del viento.

No encuentro más valentía en admitir que ayer fui una cobarde conmigo misma.

Todo el día me imaginé desnuda en el esplendor del sol a medio patio. Una cintura iluminada, piel pálida, ojeras agonizantes, las caderas con sus huesos visibles, cabello enmarañado. No hay cuidado en que mis pájaros me vean vulnerable, que los árboles me llamen precoz, las vecinas se cubran los ojos pensando que soy una indecente o el panal de abejas piense que solo soy otra escuincla desubicada en su tarea de vivir. Quién diría que esa adulta con frustración de niña fuese yo soñando despierta.

Jamás me había sido tan triste al comer una pera y dejar escurrir el jugo por los labios como si así pudiera recuperar los besos robados. Al estilo Maga sufro en algún lado, y todavía no sé dónde apretar la piel para disminuir el dolor.

Al estilo de mi vida sigo sonriéndole al espejo porque fue el remedio infalible de la psicóloga escolar para no recordar ausencias naturales y rotas.

Ausencia significa la falta de una silla en el comedor. Ausencia significa despedirse por muchas primaveras esperando el invierno que arrase con todo, incluso con los corazones buenos.

Desde hace tiempo me despido con una facilidad que me viene aterrando todos los días. Si fuera cinismo, si fuera frialdad, si fuera el desapego de la piel al calor humano. Tristeza estúpida. Felicidad estúpida. Son lo mismo. Se puede disimular estar en todos lados sabiendo que se está más cómodo dentro de una misma.

Tan atrapada y tan suelta a la vez. Por Dios que fuera libertinaje, pero ni siquiera podría anclársele una etiqueta a lo que caza todos los días, sobre todo en la mañana cuando nadie ha despertado y la melancolía me amanece con el sol pintado de amores y el cuarto teñido de atardeceres que se van a morir.

Sola.

Gloriosamente sola, como suelen estar las mujeres que deciden no apostar al amor. Tan sencillo desenamorarse con apenas una pizca de tristeza.

Jamás me había divertido tanto dentro de la perfecta escena de teatro donde me permito ser quien se me antoje, aun sabiendo que tendré la resaca de culpabilidad todo el día. Ese crudo azotón de realidad que me hacen todas estas situaciones borrosas y amarillas como para dejar a alguien bizco por mucho tiempo.

Ahora me empeño más en acordarme de todo lo que no necesito en mis días. No pensar tanto, sería la principal. Pienso como si estuviera redactando un anuncio de periódico. Me aburrieron las entrelíneas, me aburrieron los mismos poemas trillados que alguna vez no dejé de leer, me aburrió la música coloquial y lo peor que pudo haber pasado fue aburrirme al intentar sobrellevar la rutina como el hombre de corbata y maletín que compra un café en apuros porque probablemente tiene que llegar al bus antes que su jefe vuelva a entonar el mismo regaño y todo sea más funesto que en un principio. Recordar que tengo alas, sería el segundo recordatorio de una lista invisible. V-o-l-a-r hacia donde no sé. Qué abrumante es pensar que solo tengo dieciocho y me falta vivir más de lo planeado y más de lo que quiero. Los estragos del tiempo son infinitos. Quizá muy lejánamente pronto me enamore, algún día pueda ser mi propia lectora y dejar por la paz el hobbie de huir.

Recuerdo olvidarme de todo aquello que ya se fue y vendrá, que la locura no desanime el camino, que los días nuevos no se desbaraten como un gran regalo de moño dorado.

Recuerdo olvidarme, principalmente, de mí.

MADRUGADA Por NICTÉ TOXQUI

 
Heme aquí desnuda en la habitación de puertas blancas y ventanas rotas. El pelo enmarañado como la piel erizada por el viento que promete acariciarme una vez más. Bastante noche pero muy temprano para tenerle miedo a la oscuridad porque era ahí dónde más te gustaba besarme. Preferiría que esto fuera una de esas novelas malísimas donde se sabe qué pasa después: muerte o muerte, a veces sangre, gritos, llanto. Si fuera un personaje en una de esas actuaciones exageradas, preferiría salir corriendo, gritar corte y renunciar. Nada se grabaría tan simple, sin sentido.

Heme aquí insómnica, sedienta. Se escriben todas esas cosas que lastiman para luego reírse de ellas. A las doce se destila mejor el corazón pero advierto la resaca emocional del domingo. El día que no llega. Qué hacer con el tiempo perdido, preferible aplastarse en el sillón recordando todo aquello que no hicimos y nos falta por deshacer.

Heme aquí a la mitad en la sala de cortinas amarillas y postales marchitas. Jueves terrible y despiadado que atrasa el fin de semana. Recuerdo cuando esperé el momento donde los días me dijeran “ya te toca vivir”. Error. Prefiero quedarme en cama todo el día sobre una almohada con los ojos perdidos de cielos violetas. No es el pijama ni el café. Pereza impresionante de salir al mundo y temer pisar la acera como si estuviera regado ácido mortal.

Heme aquí que estoy desnuda, sin miedo, sólo vivir.
 
Fotografía: Thomas Babeau

jueves, 28 de marzo de 2013

ULTIMO DÍA Por NICTÉ TOXQUI




Te necesito aquí en algún lado. Te espero toda mi vida. Toda, todita. No me importaría morir esperando porque eres un fantasma en la calle. Un desconocido próximo.
Así debería ser el amor: como un milagro en cada esquina. El corazón acelerado y un rubor infernal. No puedo con tu vida porque sobrepasa la mía. No necesito nada de ti porque me bastan los besos que no me has dado. No me interesa nada de ti. Busco tu alma defectuosa, equilibrada en forma de triángulo, donde pueda dormir las eternidades que me plazcan. El ahora ya no sirve de nada; te invito a vivirnos en algún rincón del mundo donde la lluvia crezca como margaritas y el cielo sea un cristal  blando que se rompa cada vez que alguien ría desaforadamente como tú y yo.
Tú como todas las tardes de abril, entre una melancolía y el calor desesperante que agita la piel debajo de los estorbos del corazón. Los otoños jamás habían sido tan memorables como cuando reconocí tu mente alocada y tu manera de contar cuentos en un dos por tres. Sin embargo sigues lejano, distante. No advierto la distancia estúpida entre lo que uno quiere y se desea. Porque de algún modo también te extraño. Y no te conozco, te juro que no.
Llegarás así, al filo de mi imaginación, inaudito y sutil. No hay temor ante cualquier adversidad desamorosa. Qué más importa sufrirte y amarte al mismo tiempo. Sería un placer quererte a todas horas y jamás aburrirme de la plática trillada ni el mismo apodo todos los benditos días de éste, tu mundo, tan mío y pasajero. Nos va a comer el tiempo. Lo sabemos. ¿Qué más da? Al diablo los poetas, los músicos, los matemáticos, los intelectuales. Al diablo todo aquello que tiene una etiqueta. Jamás te llamaría amor dentro de un espacio público o en la recámara que compartiríamos hasta la muerte. El amor se acaba. Pero ¿Tú?, que aun prohibido te quejas de las palabras rebuscadas y el ego que no sirve de nada. Desde ese día que no llega estoy enamorada de ti. En cambio, no te existo, soy un sueño más en tu cabecera junto al libro que te atrapó desde que la protagonista se parece tanto a una conocida que te quiere apasionadamente. Loca, de seguro, con tantas ganas de vivir. Con tantas ganas de dejarte sin aliento tras ir arrastrando una palabra amorosa entre los labios que no dejarían de sonreírte solo si tú me lo pidieras.
Y si existieras, ay, ¡qué daría yo por conocerte mañana! Dejarías de ser tan prohibido como el pastel de chocolate que Eva no encontró en el Edén. Así vas en tu camioneta, cantando que los últimos días te hacen bien y esperas demasiado de ellos, me pregunto, ¿Tú también me esperas a mí? Esa no es la respuesta. En cambio, ¿Te conoceré algún día, en otro lado? Sigues cantando aunque ambos somos mudos y prefieres creerte daltónico porque mi amor es más rojo que un semáforo a media calle, esperando que pase el amor y se estrelle contra él, accidentalmente…

 

martes, 26 de febrero de 2013

AMOR, AMORES - Por NICTÉ TOXQUI



Quizá  nunca te quise o quizá te amé demasiado como una borrachera rutinaria con resaca al día siguiente. Después el puro olvido, el cuerpo cansado pero feliz. Me bastó una hora, mi mejor amigo para salir a la calle y ser de nuevo la niña que se quiere comer al mundo.  Otra borrachera, otro amor, otro. Jamás me interesaste, jamás. Me derrito, me muevo incansablemente por todos lados. Mi risa del medio día, de la mañana, antes de irte, antes de venir a donde sea. Mi risa que no sabe de sumisión recibe a todos con su alegoría de siempre, pero tengo la maña de hacerte creer que sólo es tuya. Que sólo soy tuya. Sí, soy tuya, mi amor, soy tuya a nuestro tiempo. Cinco minutos . No has entendido que soy temporal. Me quedo para siempre de algún modo. De alguna manera logro colarme por alguna cavidad amorosa dentro de quien promete amarme para siempre con el letrero de mentira y otra cosita que me da igual escribir o no. Lo he escuchado muchas veces sin quererlo, soy el amor de algo. Qué bien se siente pero es costumbre. Yo no amo en sutileza. Amo locamente. Desquiciada e impulsiva y apasionadamente amo porque no sé amar de otra manera. Podría decir un te amo en la primera cita. Podría hacerlo porque mi corazón es tan ancho y tan rojo que sabe querer sin problemas. Me da pereza y prefiero disfrutar de su proceso de conquista. Mi problema eres tú, todos aquellos que buscan enamorarme sin trasfondos. Tú y todos los que han pasado en mi camino queriendo quedarse. Caballero y patanes. Egocéntricos y humilde. Jamás había tenido tantas ganas de decirle a los que creen que sufro de amor que sufro de alegría loca. Sufro porque quiero. Soy feliz porque quiero. Quiero querer sin temer y por eso hasta ahora nadie me ha interesado lo suficiente como para narrarme una vida juntos. Soy poesía y prosa. Soy cura, tormento, deseo. Que mi cadera ni mi cintura pequeña sean muerte ni forma de quererme en serio, pero sí la medida del infierno al cielo. Qué fatal error es oírles la pertenencia de mi nombre. Asusta, carcome. Putamente me desenredo en mi propio papel para que puedas averiguarme sin saberme completa. Lo básico: mis postres, mi película que verías nefastamente una y otra vez por complacerme, las flores, las mascotas, los libros, mi autor, mi escritora, el amor de mi vida, la muerte, lo que me duele, el libro, mis deshoras, mi lugar, mi malteada, mis cucharadas de azúcar (cuando digo dos, son tres) y así la lista interminable que incluye la lluvia y caminar y platicar, etcétera más etcétera, porque carajo, lo único que me haría más feliz que sus detalles bien planeados es que de la nada alguien se atreva a mirarme en silencio con la vista punzante de nervios, que se deshaga en mil pedacitos diciéndome  “no te sé, pero te amo, así como tú amas más que a nada las fresas congeladas aunque nadie lo sepa porque lo has ocultado desde que tienes memoria de ser”. Lloraría sin temor alguno, lloraría como quien ha sido descubierta tan limpiamente que no hay escena del crimen. Quiero que alguien me descubra, que sepa mis maldades, mis ideas empresariales resultado de la mente maestra de mi padre. Alguien que se ría de mis cabronerías en lugar de espantarse. Alguien libre de estándares de cultura y dinero. Que me llamen con mi apodo en la casa, "amor" siempre,  mi nombre completo-corto cuando no necesite un amor sino un amigo; me aburro fácilmente de los amores. Se mantener la calma, sonreír acaloradamente. Puedo ser un telón rojo que te rompa el corazón sin darte cuenta. Hasta el último segundo descubrí que la prudencia es la mejor arma secreta. Riesgo de echarlo todo a perder para siempre. Sigo sin cuidado. Descuido de despedirse como quien va a la tienda para nunca regresar. Todo esto me viene dando igual porque no me interesa salvar al amor aun cuando sé que puedo romperme en mil cachitos porque soy una sensible de lo peor que se hizo de miles de armaduras para sobrevivirme. Traigo sin descuido el corazón: al aire libre para sacarlo a pasear cuando le dé la gana; que se pierda si es necesario y lo encuentre un agonizante de amor. Los labios rojos siempre. Exclusivamente siempre para los corazones sinceros que se dan a guardar porque esos son los que saben mejor aunque por cegatona jamás lo comprendí. Náuseas de mariposas y gusanos al mismo tiempo. Ésta soy yo rota y completa. De pie sin cansancio alguno. Desconociéndome a cada letra y palpitación de furia descontrolada. Del amor que rechazo pero me falta, quizá…

                                                             Por Nicté Toxqui(*)

Ilustración: Natalia Naka Adamska

*Nicté prefirió presentarse sola: Soy mexicana. Nacida en diciembre  de 1994. Escritora. Enamorada de la vida, medio loca y siempre sonriente. Próxima estudiante de Literatura y actual colaboradora de una revista cultural de mi ciudad. Libre de cualquier tabú y libre porque creo que todos tenemos alas. Me resumo en casualidades que no han hecho más que colocarme en el lugar exacto para escribir. El acto literario –así como hacer el amor, la muerte, la lucha social– ocurre en la soledad del cielo destilándose. Lo he comprobado: cuando llueve se diluye todo lo escrito y si bebes el tónico de letras, vives más. A los 13 años descubrí el poder de las palabras, desde entonces escribo para reencontrarme con la que no existe y que soy.