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sábado, 15 de junio de 2013

ODA A LA POESÍA - Por ALEJANDRA MENASSA De LUCIA




Tú: la forma más pura del lenguaje.

Eres un hombre lúbrico y su semen.

Tú: decantación de la humana historia y su milagro,

su sostén y sus alas,

único acercamiento posible a lo indecible.

Refulgentes como astros se alzan de la tumba tus poetas,

los que moran en tu vientre,

los que haces nacer en plena página,

aquellos que pares cada día a la luz rosada del poniente.

Te arrastras por el barro con el soldado,

te me vuelas de noche con las trapecistas

gozas en la cama de las meretrices,

acompañas insomne las noches de trabajo del galeno,

te pierdes en la luz insistente de la fábrica,

en la luz tenue de los teatros,

en la luz cefálica de las minas.

Haces girar el mundo con tu ritmo,

con tus exhalaciones se pueblan las cantinas,

en tu sangre laten el poeta, el sacerdote y el mendigo.

El agujero por donde se entra al mundo,

no es ese que el pincel de Courbet inmortaliza;

son tus brazos ahuecando la muerte para que el poeta nazca,

son tus piernas abriéndose a la noche para exhalar su alma.

Eres del hombre, su diamante,

su gema maravillosa, pero también, el resto del lenguaje;

desperdicio, vacío que lo hace nacer,

el epitafio del sentido,

la muerte de la razón,

la burla de la carne.

Dama inmortal, hombre sacrílego,

muere el dolor acuchillado, en tu presencia.

AMOR ENTRE LAS MÁQUINAS - Por ALEJANDRA MENASSA de LUCIA



 
Despliego mis encantos en sórdidas metrópolis,

sólo para encelarte, porque sé que no es en habitaciones 

de finos nigromantes donde se teje mi solemne destino.

 

Preludio mis amores al ritmo de sonoros engranajes,

de fulmíneas turbinas, de lámparas ustorias,

te amo bajo las huestes de sórdidos ejército de máquinas agónicas;

Te amo bajo la luz mortecina de la fábrica, con sus ardientes 

ruidos de bestia herida y sus exhalaciones pestilentes.

 

Te inquiero con preguntas que hacen saltar  tornillos de íntimos mecanismos

¿Me querrás cuando el sonido de metálicas filas se detenga en lo oscuro,

 girasol apagándose,  para esperar fantasmas trasnochados de obreros?

¿Me querrás aunque ceda la infatigable rueda como cansado músculo?

 

Mis maquinales hábitos, industriales instintos,

te llaman desde el profundo vientre de esta mole alumínica y grotesca,

te sueño entre cintas sin fin y atávicos, dorados fuselajes.

 

Añoro el pisar firme de tus obreros íntimos,

tus alarmas de incendios sonando en plena vida,

las horas de comida pautando caóticos encuentros,

 

Te amo aunque me duela, con aceitados ritmos, con frenético ímpetu,

respirando el carbono de tus vapores últimos,

el fantástico semen de tus potros elípticos,

porque aunque ya no son de vapor tus resortes,

igual tienes el alma de cincuenta alazanes, su coraje y su brío.

 

Te amo entre las máquinas, paseando por el río de martillos y ruedas,

con aromas de fábrica, y plúmbeos estertores, con alma de poleas,

firmes imprecaciones de insistentes palancas.

El coito siderúrgico de tibias aleaciones termina con jadeos metalúrgicos,

un tornillo que cae, una pieza que cede,

aceites que gotean y el alma que se escapa por ignotas fisuras.