jueves, 28 de junio de 2012

LAS MANOS por TED HUGHES

Dos manos inmensas
mecieron tu infancia.

Más tarde silenciosamente las mismas manos
te situaron en el lugar angosto
y te dieron de comer pastillas,
enguantadas para que no las reconocieras.

Cuando te despertaste en el hospital
conseguiste ayuda para reconocer
las huellas dactilares dentro de lo que hiciste.
No lo podías creer. Fue muy arduo
para ti creerlo.
Más tarde, dentro de tus poemas,
que llevaron como guantes, las mismas manos
dejaron grandes huellas. Igual que
dentro de tus cartas que eran un último reducto
y que llevaron como guantes.
Dentro también de aquellas palabras con que me golpeabas
que se movían más aprisa que tu boca
y que zumban aún en mis oídos.

Pienso a veces
que tú misma eras al final dos guantes
llevados por aquellas dos manos.
A veces pienso incluso que yo también
fui alcanzado, un entumecimiento de guantes
que llevaban aquellas manos mismas,
haciendo lo que necesitaban que se hiciera, porque
las huellas dactilares dentro de lo que hice
y dentro de tus poemas y de tus cartas
y dentro de lo que hiciste
son las mismas.

Huellas dactilares
dentro de unos guantes vacíos, aquí, éstos,
de los que tus manos han desaparecido.

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