LLTV: Los tres libros mas importantes
que hayas leído o que mayormente te constituyeron como persona.
GA: Ulises, La Divina Comedia, Adán Buenosayres. Esto
solo respondiendo a la pregunta por tres libros. El número podría ser mucho
mayor y sería difícil elegir uno por sobre otro. Por ejemplo, toda la serie de Tom
Ripley, de Patricia Highsmith. Creo que ese es el personaje más logrado de toda
esta narrativa.
LLTV: ¿Último libro que leíste?
GA: Antología
personal, de Ricardo Piglia. Cada vez que leo a Piglia mi vida se vuelve mejor,
es un autor que me cala muy hondo.
LLTV: ¿Qué libro te marcó algo para
siempre y por qué?
GA: Dos
libros: De Sigmund Freud, Un recuerdo infantil de LEONARDO DA VINCI, un formidable trabajo de
investigaciòn, de implacable lógica, de rigor, y de un enorme amor por el arte.
Freud sacó conclusiones sobrecogedoras sobre Leonardo Da Vinci. Decidí ser
psicoanalista después de leerlo. El otro es Ulises, de James Joyce. Una
experiencia literaria única, que comencé leyendo con la angustia de no saber
adónde apuntaba y que, después de abandonar la lectura dos veces sumido en la
confusión, decidí que no me iba a dejar
derrotar, y elegí leer aunque no entendiera nada de lo que estaba pasando. Y entonces
me atrapó y fue una experiencia que me atravesó hasta los cimientos. Había
pasajes que me causaban tanta gracia que andaba riéndome a los gritos en el
subte. Ese libro me hizo mejor persona, mejor escritor y mejor psicoanalista. Así
concibo al arte, eso que te cambia, que no te deja seguir camino sin que
sientas el golpe. Cuando vi el Guernica me quedé ahí, paralizado, mirando con
la boca abierta. El resto del museo se volvió prescindible, bidimensional,
incoloro, el Guernica fue la única razón para estar ahí, así que después de ver
eso nos fuimos a tomar aire. Todo autor debería leer Ulises, siempre.
LLTV: ¿En qué circunstancias escribís?
GA: En mi casa,
con mis libros a mano, solo y escuchando música. Puedo escribir acompañado,
pero la música se vuelve un problema para los demás. Escribí El Criadero
escuchando el Requiem de Mozart durante un año. De hecho cada capítulo está
nombrado con el título de cada movimiento de la misa. Es un libro con banda de
sonido. En realidad mi cabeza está siempre llena de música, es algo que jamás
me abandona. Me reconozco como un tipo difícil cuando escribo. Y no me gusta
escribir con los auriculares puestos. Necesito que la música suene en el
ambiente.
LLTV: ¿A qué personaje de qué libro
invitarías a tomar un café, y por qué?
GA: Arnaldur Indridason desarrolló
un policía maravilloso, el comisario Erlendur Sveinsson, cuya mayor obsesión
está en los desaparecidos. Cuenta en su historia que de chicos iban caminando
con su hermano menor, él lo llevaba de la mano. Los agarró una tormenta de
nieve y de golpe el hermano se soltó. Ya no volvió a aparecer nunca más. Hubo
búsquedas, rastrillajes, pero nada. Fue como si se lo hubieran llevado los
platos voladores, dice. Y sus historias giran en torno a este tema. Como es una
serie, está en varios libros, aunque La Voz me conmovió mucho. Indridason es un
autor extraordinario. Tomaría un largo café con ese tipo.
LLTV: ¿A qué personaje de qué libro te
hubiera gustado representar en un escenario?
GA: A Tom Ripley, en la Máscara de Ripley. Es una novela que cuestiona el valor
de lo auténtico, y sostiene que una copia si es buena puede ser mejor que un
original. Ripley es un gran simulador. De chico me enseñaron que nunca hay que
decir mentiras, algo que me tortura al día de hoy, de modo que un tipo así para
mí es casi un epítome de la verdad cuestionada. Un personaje que rompe la
bidimensionalidad, un criminal ético, un tipo helado que embarca a un marquista
canceroso para cometer un asesinato, con el argumento, muy válido, de que la
mafia le va a pagar muy bien y con eso le va a poder dejar suficiente dinero a
su mujer y su hijo cuando él muera. El plan fracasa y cuando el marquista está
acorralado por la mafia Ripley se juega vida para salvarlo, eso es en El juego
de Ripley, que en el cine se llamó El Amigo americano. Gran novela y gran
película de Wim Wenders. Hubo una versión de Liliana Cavani con John Malkovich
como Ripley que no estuvo mal, pero la original de Wenders con Denis Hopper haciendo
el papel de Ripley y Bruno Ganz el de
Zimmerman, el marquista, es incomparable. Yo veo más cine que ninguna otra
cosa. Veo una pelicula por día desde hace mas de cuarenta años. Mis libros
parecen guiones, porque el componente visual se me filtra sin esfuerzo. Me
gusta eso.
LLTV: ¿A qué personaje de qué libro
invitarías a comer en tu casa dispuesto a divertirte y pasar un buen momento, y
por qué?
GA: Al comisario Mointalbano, sin dudas. Ese tipo para
cenar es perfecto. Y es un personaje muy gracioso. Amo a los sicilianos, haber
estado allí fue algo increíble. Los argentinos somos más italianos que
españoles y, de hecho, el castellano que hablamos, la pronunciación, es la que
heredamos de los italianos, incluido el hábito de comernos las eses finales. Es
el castellano que escucharon los inmigrantes italianos. Lo mismo que en la anterior
pregunta, es una serie, de modo que uno elige al voleo. La forma del agua, la
primera novela con el comisario, vale por ser la que presenta al personaje.
Hay un segundo personaje que me apasiona, al que
invitaría a comer con Montalbano, y es el Comisario Jean Baptiste Adamsberg, de
Fred Vargas. Un policía que razona como un psicoanalista, está en posición de
lo que llamamos atención flotante. Él
vincula hechos aparentemente inconexos y saca conclusiones acertadas. Vargas es
una autora irrepetible, un genio literario ante la que me rindo absolutamente.
La inteligencia con que escribe te deja con la boca abierta. Sus personajes se
meten en situaciones sin salida pero ella encuentra el modo sin forzar la
lógica. Eso es una honestidad intelectual indiscutible. Merece el lugar enorme
que ocupa en este género.
Y como me dieron la libertad, y el estímulo, de
explayarme, agrego un tercer personaje que amo: el comisario Crocce, de Blanco
Nocturno, la novela de Ricardo Piglia. Un comisario psicótico que deduce los
crímenes con mecanismos que uno encuentra en los manicomios: mira una puerta y
comprende quién es el asesino. Conviví, y convivo, con esas lógicas distintas desde hace cuarenta años. Y si algo
me enamora de mi trabajo es, justamente, descubrir que se puede pensar de una
manera radicalmente distinta, que interpela al analista a respetar los derechos
humanos y no pretender convencer a nadie del supuesto error de su pensamiento.
Siempre me ocurrió que eso de curar a un paciente me producía una gran contradicción,
porque un delirio es algo que, como un sueño,
me produce un enorme placer estético. Y tengo mucho cuidado cuando
“curo” esos cuadros, no quiero volver estúpida a la gente, cosa que es posible
de hacer con la psicofarmacología.
Así que serían tres comisarios para una cena, y pago
yo con la mejor de mis sonrisas.
LLTV: ¿Recordás qué libro te generó
muchísima expectativa y te defraudó en la misma o mayor proporción?
GA: Leo
siguiendo a Borges, o sea que dejo de leer cuando me aburro. El consejo de
Borges es muy aliviador, uno puede dejar en el escritorio al autor más
reputado, y sin culpa. Un autor que está
muy en boga es Jo Nesbo. Leí varios libros de él esperando encontrarme con un
superdotado de la novela negra, pero no ocurrió. El muñeco de nieve, lo último
que leí de él (ahora están anunciando la película) me resultó deplorable y
decidí que ya tuve bastante de eso. Lo que me enoja es la falta de sinceridad
en el trabajo literario, cuando el autor se pone a exhibir cuánto investigó para
escribir el libro, te dice cómo funciona el arma, cuantas balas carga, etc.
Pero sobre todo me enojo cuando huelo la paleta de recursos para construir un
best seller. Jo Nesbo debe ser muy rico, pero no me interesa su producción.
LLTV: ¿Qué cosa es lo que más te
sorprende de la humanidad?
GA: Los
artistas. Son la verdadera esperanza, si la hay. Tipos que le dedican la vida a
una práctica que no es garantía de nada económico. Y los niños, claro, porque con tres nietos,
casi cuatro en realidad, ya que en estos
días está por nacer Pedro Abrevaya. Los niños son una
felicidad inconcebible.
LLTV: Concibe el género de novelas
negras vinculadas si o si con la cuestión político y social, o solo es una mera
coincidencia en sus tres novelas (El Criadero 2003), (Los Infernautas 2013) y
(El Enviado 2016).
GA: No hay coincidencias. La novela negra no puede ser
ajena a la realidad política, o social, no hay mucha diferencia, porque si se
aleja de eso se vuelve otra cosa. Jo Nesbo, para seguir con mi ejemplo, simula
un interés que no tiene. La novela negra sacó al crimen del cuarto cerrado y lo
tiró a la calle. Y en la calle es donde uno encuentra la verdadera miseria de
la cultura. Claro que a veces se esconde en el interior de grandes mansiones,
pero esas mansiones suponen en sí mismas una exclusión, algo obligado. Donde
alguien tiene de más, alguien tendrá de menos. Eso, en mi opinión, es el ADN de
la novela negra. Sería muy largo de explicar, pero no puedo escribir, ni leer,
novela policial, o negra, si este dato no está incluido. En Argentina los
70´dejaron una marca indeleble y un marco de exacta verosimilitud para este
tipo de narración. Yo creo que se abusa de la nominación “negra” para hablar de
las novelas policiales. Parece que todo lo que sea crimen, investigación, cataloga
como novela negra. Si no está esa mirada a lo negro de la cvultura, eso puede
ser novela policial, incluso puede estar mnuy bien escrita, pero es otra cosa.
LLTV: Hay algo que desde su profesión
como médico psiquatra, lo haya llevado a la literatura, o fueron caminos
separados, sin ninguna vinculación?
GA: Primero escribí, después estudié medicina. No sé si
hay cruces en el camino. Siempre cito una frase de Freud: “Soy un escritor
disfrazado de médico”. La palabra “disfrazado” me incomoda un poco. Induce a
pensar en cierta falsificación, y es probable que la traducción no sea la más
adecuada, pero nunca lo averigüé. Porque si algo hizo Freud fue llevar la
psiquiatría a un estado nuevo, el psicoanálisis es una práctica que se nutre de
la psiquiatría, de la literatura, del arte, de la filosofía, de la lingüística,
de la historia. Es la salsa donde me siento más cómodo: un escritor que trabaja
de todo eso. Me gusta mucho esa mirada de mi práctica. No hago mucha diferencia
entre la literatura y el psicoanálisis. Ambas disciplinas chapotean en el barro
del lenguaje, que es siempre engañoso.
LLTV: ¿Proyectos en carpeta, que se
puedan contar?
GA: Si
uno adelanta algo de lo que escribe, los dioses se desinteresan en eso que está
haciendo y al fin se cae. Lo dijo Ana MarÍa Shua en su última novela, Hija, un
libro para leer muy despacio, donde ella cuenta la cocina de ese mismo libro,
sus dudas, sus vacilaciones. Un gran libro que recomiendo mucho. Así que siguiendo ese consejo, prefiero no contar
en qué estoy, aunque va de suyo que estoy pensando una novela muy oscura. Trato
de escribir otros géneros pero siempre se me cuela la mirada dura. Sí quiero
contar, en cambio, algo que me puso muy contento: hoy recibí el contrato para
la edición española de El Criadero. Y si hay contrato es oficial. Va a suceder
antes de que termine mi próxima novela. Increíble que esa novela siga dando
batalla.
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