miércoles, 30 de octubre de 2013

DESTELLO - Por WALTER GÓMEZ -




Esa tarde una imagen visible,
contundente y temerosa,
contrastó a simple vista en la fila de una caja,
en un supermercado,
entre los rostros que componían esa fila.
Se trató de algo así como la aparición
de un suave y cálido celeste cielo,
que asomó en la superficie.
Apenas perceptible se dejaba adivinar
que se trataba de la mirada de ella.
Imponentes, esos ojos, sobre semejante paisaje,
en una atmósfera tan opaca, tan neutra, tan de color gris.
El imponente destello de sus expresiones,
Eran el efecto colateral como de un segundo sol.
Esos ojos rodearon de paz y belleza, el escenario de los distintos.
En plena luz, de pronto, hubo un silencio.
Profundo, extenso.
Quizás hayan pasado años en tan solo segundos.
Por un instante quedaba la impresión,
que en el origen de nuestras vidas,
el sonido estaba ausente.
Enmudecieron las voces
y no se escuchaba ni el transitar de los autos.
Parecía algo así como un mundo recién inventado
donde el silencio prevalecía por sobre todo.
No había diálogo, ni lenguaje,
y nos lográbamos comunicar mediante los gestos.
Solo los gestos.
Una mirada, la misma mirada de aquél ángel,
cruzó esta vez como trueno y avivó la tempestad de los inocentes,
que en medio de su silencioso ruido, exclamaron mayor silencio.
La penumbra que partió de su puerto,
nos hizo sentir mas distintos a todos.
Hacía frío tras esa bruma que quedó flotando.
Ese sol clandestino miró como nunca antes,
y en el reflejo de su espejo, un tiburón hambriento blandía justicia.
El sonido había vuelto.
Yo partí haciéndome eco de que aquella tempestad nos desnudaba,
y hacía de la vida y la luz, una convivencia.
Cuando me alejé aún temía que aquel sol cayera sobre mi cabeza.
Pero solo había sido un destello.

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