sábado, 15 de diciembre de 2012

UN SUEÑO - Por EDGARDO IERACI


El agua subía en forma incontenible, parecía una película de terror. La gente huía desesperada sin saber dónde.
Comencé a correr yo también, me tropiezo y caigo, mi cabeza se mete en el barro, pero sabía que tenía que hacer. Buscar a mi familia. En mi carrera me cruzo con un cortejo fúnebre pero del siglo XlX, no veo al muerto, solo mujeres vestidas de negro.
Sus caras tapadas por velos blancos y su cabeza por sombreros negros. Todas lloraban pero con sobriedad nada de gritos desconsolados. Sin saber como las calles ya no existen y tampoco las veredas, son verdaderos ríos.
Comienzan a aparecer algunas lanchas y de repente me  encuentro subido a un bote grande al que yo conocía de algún lado pero de  hacia mucho tiempo atrás, cuando era chico.
Tomo los remos y ya mi familia esta conmigo. La gente desesperada trata de subirse a cualquier cosa que flote. Hay que tener cuidado con los troncos que iban a la deriva.  Mi cabeza iba a mil por hora, pensaba en que debía llevar para poder sobrevivir, cargo  botellas de agua mineral, luego con una lona y ramas hago un techo pero inmediatamente pienso ¿para que?.
Para que llevar tanto peso, entonces me deshago del agua y luego del techo pero sigo remando con fuerza, las copas de los inmensos árboles de la avenida están a unos centímetros de los remos.
Veo lanchas, botes, árboles y aunque se que están no veo a ningún ser viviente.
El cielo empieza a oscurecerse, sin avisar….la noche cubre todo y veo las luces de un estadio de futbol.
El cielo esta  estrellado pero la gente corre y por supuesto yo también. No se porque pero el terror gana, los gritos hieren los oídos….hay que subir las paredes de la cancha. No hay escaleras, solo paredes ni una sola puerta.
Tomo las manos  de dos chiquitos que iban corriendo delante mio y los levanto. Empiezo a trepar, cuando creo que estoy llegando cientos de niños  aparecen aterrorizados y yo comienzo a tomarlos en el aire para que no caigan al abismo.
El miedo y la desesperación me cubren de un sudor frío de muerte. La cabeza  comienza a dolerme, es algo ya conocido, empieza por la nuca, como un dolor lejano pero que paulatinamente me va atrapando.
Mis pies sienten la fuerza de mi cuerpo y mi nuca el peso de los chicos que pasan por encima mío como si yo fuese un puente. Finalmente llegamos a destino. Todo se calma. El pasto verde, los chicos con camisetas de futbol.
Siento la voz de primo que les grita a dos camilleros que llevaban a su madre(mi tía lucia) al hospital, éntrenla de vuelta hijos de puta, ¿no ven  que ya murió?.
Hacia calor, yo estaba acompañando a mi prima que estaba internada, me pide agua, le alcanzo un vaso, lo toma pero no puede dirigirlo hacia su boca, balbuceando me pide que llame a los médicos, señalándome un timbre rojo que esta en la cabecera de la cama.
Lo toco pero al ver que no viene nadie viene salgo a buscarlos yo. Una enfermera le grita: Lidia sabes donde estas? Le dice que si con la cabeza. Llegan más médicos.
Mientras escucho todo desde el pasillo del hospital, mi hijo me cuenta que mi primo, ya fallecido lo había llevado cuando era chico a un departamento en el barrio de las embajadas.
Nadie sabía de la existencia del mismo. Solo cuando falleció, su sobrino encontró la escritura del mismo.
El dolor era insoportable, yo estaba totalmente transpirado y volví a sentir la presión de mis pies por el peso de algo que apretaba también mi cabeza.  Un ruido como los de las películas de terror empieza a llenar mis oídos. En la oscuridad empiezo a tantear donde estoy, estaba desorientado.
Empiezo a mover un brazo y no logro ubicar nada conocido, ya el dolor era fuerte, sigo moviendo el brazo y logro tocar algo conocido. Mas tranquilo, lo muevo mas a la izquierda y en un acto reflejo aprieto una perilla y se prende la luz.
Estaba en mi pieza, pero¿ en qué pieza? Escucho unas voces. Al segundo me reclino en la cama y termino de saber donde estaba. Todo había sido una pesadilla. El ruido era el viento que corría por la ventanita del baño que había dejado un poco abierta.
La voz, la de un vecino que tocia. Eran  las tres  de la madrugada. Me levante como pude, todo dolorido, me tomo un calmante pero el calor que tenía se transforma  en un frío penetrante.
Tosiendo, vuelvo a la cama, tomo un libro, ojeo unas páginas y sin apagar la luz vuelvo a caer dormido.

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