domingo, 9 de marzo de 2014

POESÍAS DE FERNANDO NOY

 
 
 
ESO PLOMO

 

No necesito nada más que esta lapicera
prestada por el mozo
ni otro sobre de azúcar para el café
bramando en la resaca
tampoco el pago de una cerveza octava.

Guardo intacto
el coraje de hacer un paga Dios
como en los setenta
por las farmacias de turno
cuando la poesía anfetamínica
se compraba sin receta.

Viajo solo en medio de la huelga
entre panzas vacías
con razón vociferantes
y ningún encontronazo
junto al musculoso estibador
mientras dura la espera
en la protesta augusta
que hasta cortó la calle
con su semáforo
chorreando lágrimas de sangre.

Masacre sin piedad
para los mustios habitantes
de
bairestremens.com.

Mientras leo en cerebros
de los otros viajeros.
Ese, de anteojos negros,
va a llegar tardísimo a su cita
con el andrólogo.
El que viaja a su lado
sólo piensa en robar
la corona de oro de la Virgen del Once
pero también
el busto de bronce de algún prócer
para revenderlo
enseguida
a peso plomo,
vapuleo.

Así nace esta queja
sobre mi cuaderno Avon
en pleno verano
cuando el hospital de poetas
parece aniquilado
aunque nunca existiera la cura
de sus males
ni siquiera un cuarto gratis y fresco
donde no morir de pie.

Ahora,
destrabada la marcha
con las vitrinas de El Molino
destrozadas a huevazos
es cuando el maldito patrullero
se sube a la vereda
y como a la estatua de Santa Claus
me alumbran
entre dátiles
aunque igual nada vieron.
Mayor fue el miedo
de volverte invisible.

A distraerse ahora
con tu milonga hacia la autopista
Tacos de punta baratos hundidos en la brea
hirviendo aún más que el cuerpo
del que paga
y al finalizar la faena
regresar leyendo esos versos abyectos que has escrito.

Soy el que cree en la avenida Corrientes
acunadora del tango y de Tanguito
que se incendia en el río
justo cerca de la Casa Rosada
ese postre fucsia envenenado
en los cachetes.

Confundo palomas con empleados
de oficina
usan la misma gris corbata
que les impide el vuelo.

Soy quien cantara a Safo
además de encerar los dedos
de la hidra de Lesbos
con ungüentos de acero
pero ahora
ni consigo colarme
en los recitales de Gal, Chavela
o La Felipe.

Igual
como siempre
el buen clima regresa
tras la huelga a lo lejos
cada vez más ajena.
A causa de ella
me pasé de parada
pero sigo escribiendo.

Es preferible el asco bien narrado
a la culpa de sobrevivir triunfales.
Sin tener cómo,
dónde,
cuándo
a quién decirlo.


 
LABERINTO DE FUEGO
 
Hay calles innombrables que prolongan palabras
y terminan en un punto de madera
Hay calles audazmente cortas deambuladas por
potros
que culminan en un punto de madera
Pero existe una calle
Sólo una
Esa calle
Esa ínfima calle que es un punto de madera
enciende el fuego
en las otras
Cuando tiemblan
 
SIN FRONTERAS 
Cuando te llegue el turno de partir
quizás tan sólo sea necesario
simplemente abandonar el cuerpo
como un piano demasiado usado
Igual hasta ese instante sublime
Ya habrás ido muriendo
a lo largo de toda la existencia
sin siquiera sospecharlo
Por algo se habla del último espejismo
rebobinado en pantallas memoriosas
Momentos ya pasados
Desde la primer ilusión
al peor desencanto
Para un alma hecha añicos
 
Ahora
al fin
definitivamente libre
de esta cita feliz
suprema
impostergable
que hemos llamado 
exactamente
vida.

 
 

 

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