jueves, 30 de octubre de 2014

TRABAJAR CANSA Por CESARE PAVESE





Atravesar una calle para escapar de casa

lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que anda

todo el día las calles, ya no es un muchacho

y no huye de casa.

 
Hay en el verano

tardes en que las plazas se quedan vacías, tendidas

bajo el sol que ya empieza a ponerse, y este hombre que llega

por una avenida de inútiles plantas, se detiene.

¿Vale la pena estar sólo para quedarse siempre sólo?

Callejear únicamente, las plazas y las calles

están vacías. Es preciso detener a una mujer

y hablarle y decidirle a que viva con uno.

Si no, uno habla sólo. Por eso algunas veces

el borracho nocturno comienza a parlotear

y explica los proyectos de toda su vida.

 

No es cierto que esperando en la plaza desierta

te encuentres con alguno, pero el que anda las calles

a ratos se detiene. Pero si fueran dos,

aun andando las calles, la casa ya estaría

donde aquella mujer, y valdría la pena.

Por la noche la plaza vuelve a quedar desierta

y este hombre que la cruza no ve los edificios

tras las luces inútiles, pues ya no alza los ojos:

sólo ve el empedrado, que hicieron otros hombres

de endurecidas manos, como los están las suyas.

No es correcto quedarse en la plaza desierta.

Seguro que está en la calle aquella mujer

que, al pedírselo, quiera ayudar en la casa.


Ilustración: Selcuk Demirel

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