jueves, 19 de junio de 2014

CRÍTICA TEATRAL A LA OBRA "VENGANZA A LA CARTA" de RAÚL GARAVAGLIA


 



Muy genial entrar y pasar directamente a la habitación en donde los viejitos se aúnan a compartir la nada.  

Están ahí, esperando no se qué.

De pronto se nos presentan. Me paro me siento. Me paro me siento. Hasta que están todos que suben que bajan. Caminan.

Empieza la obra.  

Llegan los enfermeros y empiezan a tratarlos como cuerpos sin vida, sin decisión, les pegan, los molestan.

¿No se quejan porque no pueden o porque no quieren?

No sabemos, no sabemos pero los enfermeros cansan de fastidio. Chusmean, los tratan como muñecos, planean sobre sus tumbas.

Paciencia gente, paciencia porque dicen por ahí que las cosas en la vida son como un boomerang, todo lo que sale entra, todo vuelve, lo que damos recibimos, y más cuando se trata de pastillitas.  

Muy buenos actores, muy bien ambientado y logrado el silencio y la sensación perturbada.

Las luces, las imágenes, me hubiera gustado tener una cámara de fotos pero sólo hube de llevar mi memoria.  
 
 

Venganza a la Carta es una historia de suspenso, de códigos, de cuidado, de respeto por el otro y sobre todo de recordar que todos somos personas íntegras y con derechos, podamos o no podamos decirlo. Que nadie tiene el poder de decidir sobre nosotros, excepciones como las situaciones de emergencia en el caso de niños o de enfermedades que impidan el desarrollo cognitivo, valen el incluir a un tercero, pero si no es así, recordemos: el callar no siempre otorga, el no poder mover los músculos no quiere decir que nuestra percepción se haya desvanecido, el estar dormido no quiere decir que el sueño y la realidad se transformen en uno. La esperanza es necesaria y cualidad del vivir, no puede irse de nosotros simplemente porque no decidimos sobre ello aunque pensemos “estoy desesperanzado, perdí la fe” no es así. No perdemos la fe, sino no estaríamos en este mundo. Habiéndolo reconocido o no, habiéndolo admitido, asumido, o no.  

Creo que las personas que están en “pausa”, de las que vemos su cuerpo y suponemos que su espíritu se ha ido, creo que esas personas están imposibilitadas para poder explicar lo que se siente. Podrán hacer estudios, haber sacado los médicos teorías y conclusiones, y si la medicina no alcanzó habiendo tratado antes de filosofar, para ello estuvo luego la psicología. Y acá estamos. Pensando, como buenos humanos, buscando lógica y razones. Y yo sigo presintiendo, que me quiero reír, porque algo me dice que no estaré cuando vengan a desplazar a la psicología cuando ya no alcance para el desconsuelo. Sólo me queda creer en lo que siento, y lo que quise decir con todo esto, es que el principio es el final y viceversa, y que nunca sabemos si esa persona que pensamos que no escucha, simplemente está queriendo callar porque así lo necesita.

El tiempo es hoy.  

Si querés hablarle a alguien y pensás que no te escucha, el mensaje es un caso aparte, el mensaje es como una paloma de paz (y mensajera para no llamarte dos veces). Uno entrega. Y no entrega para recibir.

 

Korinthio Teatro

Mario Bravo 437 – CABA

Viernes 21 Hs

Dramaturgia, puesta y Dirección: Raúl Garavaglia

Asistencia de dirección: Silvina Quintanilla

Elenco: Alejandra Bozzini, Ariel Ragusa, Carlos Gambini, Guadalupe Iñiguez, Julieta Mangone, Luciana Conde, Patricia Carro, y Rafael Montañez
 
Crítica realizada por Laura Soledad Beraldi

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