miércoles, 23 de abril de 2014

XUL SOLAR

"Tú y yo" Acuarela sobre papel, 1923. Museo Xul Solar



Si digo 'poema' qué imagen se adhiere, cuánto pesa esa espiritualidad y dónde se aloja. Y con espiritualidad me refiero, exactamente, al acto de mirarse el reverbero de anotaciones que hace el cerebro en comunión con su necesidad de no orfandad. Para empezar a nombrar una isla hay que conocer su desierto y por qué no su sitio más habitable, el agua que adorna los extremos, la calidez y el frío atroz.

Xul Solar era una isla de esquemas y la ruptura de sus propios esquemas. Y, justamente, en su calidad de isla, se me hace inevitable decir que es atemporal. Por eso no quiero darle, en este caso, una estética de lugar, tiempo, etc. Sólo diré que es un mundo en su propio mundo.

Quien mira, hoy y siempre, una obra, cualquiera, que él haya creado (sí, hablo de un creador) se cae de cara a lo que seduce y, sin dudas, da asilo no eventual y en constante expansión.

He pasado días enteros viendo su obra "tú y yo". Lloré, la cuestioné, la injurié y todo en absoluta adoración. Porque, qué se puede hacer con algo tan extensamente libre. Libre en cuanto a los cortes - infinitos- a través del color, la pasividad en los rostros (el alivio del reencuentro e incluso la obsesión de hacer perdurar dos bocas unidas), la integración de una mano que pintó pero, claramente, 'omitió' ciertas nostalgias para que otro ojo espectador se deje crear en su interior.

Me refiero de manera muy subjetiva a esta obra. Y pienso/siento que ya en su título, Xul Solar, quiso hacer, incluso, un autorretrato con su amante. Dice Tú y yo. Y ese YO como símbolo capaz de reunirse en espíritu con el otro YO.

Y pienso, muy necesariamente, en esas dos bocas de frente y de perfil, donde no sé qué decir, excepto que es lo más parecido a leer una carta de amor que no llega: esa infinitura, ese abrirse el para siempre y quedarse a vivir.





Noelia Palma



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