viernes, 19 de junio de 2015

CRÍTICA A LA OBRA TEATRAL "UN GESTO COMÚN"



¿Todos tenemos algo que esconder?...¿Esa "famosa"  APA - TÍA, es habitual, es frecuente en nosotros los seres humanos?...ese desinterés, esa falta de emoción ante la sociedad, tal vez una depresión muy extrema...¿Quién lo sabe?...una pregunta retórica quizás...hablar de un crimen es lo de menos, sino que es el detonante de un "un todo"..."Ahora que reviso todo con el ojo de la mente, no encuentro una puerta (...), nosotros caminamos toda la vida por hormigueros, siempre hay encierros, nunca hay puertas"...
  
Atilio, no puede con él, su mirada desesperante, aturdido, su cuerpo tembloroso, sus ojos fríos y destruidos, su pensamiento oscuro y perceptivo está luchando constantemente con su cuerpo y sobre todo con su alma. Demanda esperanza, ayuda, pero al mismo tiempo, detesta protección y es consciente de esto. No quiere vivir...¿Podría ser? ¿O tal vez no quiere seguir en éste brutal e inhumano mundo? Buscará otras salidas...
  
Blanca, lo ama, lo cuida, su sonrisa destruye la angustia y la tensión constante de todo el ser de Atilio. Es una joven ingenua e inocente, pero a la vez sexual y descriptiva que corrompe con la presión del aire del sótano en el que se encuentran. Ella confiesa odio hacia su hermana gemela.

"El aire de la mañana toca la piel del alma".  Un sótano oscuro de una pensión, la de Bruno, un sitio con tres tubos de luz, uno cálido, y los otros dos fríos. Una escalera con tres lucecillas cálidas sobre la baranda de hierro bajan hacia el lugar, una mesa con caballetes repleta de cablerío contra la pared del fondo y una pequeña lámpara que se encuentra agarrada a la misma. Una estufa de espalda al público, una canilla perfectamente ubicada al lado de la cama, una cama pulcra y humilde que se encuentra de costado, y detrás de la escalera, una puerta a la entrada de otra habitación. Tal vez un baño...con una pequeña ventana por la cual se ve que la luz interna titila constantemente. Un lugar perfecto, pero oscuro y áspero...

  Bruno, enamorado de Atilio, es un amor inmenso, puro, sano, natural, vigoroso, un hombre higiénico y simple con carencia de amor. Y con miedo a la soledad...demostrativo, cuidadoso, sensible...controlador, pero sin obsesión, o por lo menos muestra eso. Demuestra calma, pero en el fondo, no permanece ésta...busca "calma" antes de realizar un viaje, cree no tener esa ansiedad nata de las personas. "Siempre morí de amor a cambio de nada"...
  
"Perdí todo, incluso hasta el pudor...(...), no estoy capacitado para el amor"... Atilio insiste con esto, se niega a ser amado, pero aunque crea que "Todo lugar abierto es agoviante", se va a dar cuenta que hay esperanza a pesar del dolor y el desarraigo del amor...¿Por qué no se deja? ¿Por qué se cega?...su búsqueda implacable, destructiva hacia él y hacia los dos personajes que lo buscan...obstruir ese amor que nos quieren dedicar...todo cambiará...su cuerpo y su alma cambiará...
   
Un drama oscuro, impecable, completo, sin certezas, lleno de incertidumbres, pero sin dudas al mismo tiempo. William Shakespeare está presente perpetuamente. Una poesía perfecta en el guión...completamente inexplicable para lo banal. Superior...un final inesperado, y un movimiento corporal y una gesticulación violenta y dulce al mismo tiempo, ¿se puede?...claro, depende de nosotros. Atilio, Blanca (con lo que la describe su nombre) y Bruno, nos muestran que podemos eliminar el dolor sin desarraigarnos del mismo. ¿Acaso no creemos de lo que somos capaces?
Dramaturgia: Santiago Loza
Dirección: Maruja Bustamante
Elenco:
 Diego Martín Benedetto, Iride Mockert, José Escobar. 

Funciones: Lunes, 21:00 hs.
Teatro: Abasto Social Club (Yatay 666) 


Crítica: Florencia Campetelli

Prensa: OCTAVIA Comunicación y Gestión Cultural

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